¿Pueden los gobernadores prohibir las colas para adquirir bienes?

José Ignacio Hernández, Prodavinci

Nuevamente las colas de consumidores, especialmente en los supermercados, han generado una respuesta legal: prohibir o restringir esas colas.

Según informaron algunos medios de comunicación, la gobernación del estado Falcón prohibió “colas nocturnas” en ese Estado, para evitar “vender el cupo en la cola”. Por su parte, la gobernación del estado Bolívar también prohibió las colas nocturnas en comercios que expenden alimentos.

La medida se fundamentó en que “buena parte de las personas que diariamente acuden a los comercios de alimentos son revendedores que compran lo que no necesitan para su consumo”.

La gobernación de Yaracuy, igualmente, prohibió pernoctar afuera de comercios, pues “la mayoría son personas que alteran el orden público, compran y luego revenden a precios especulativos”.

No he leído ninguno de los actos de las gobernaciones que establecen esta prohibición. Sin embargo, con lo hechos narrados en la prensa, puedo concluir que los gobernadores no pueden prohibir las colas de personas en establecimientos comerciales. Veamos.

  1. La cola y el libre tránsito. Las medidas comentadas afectan a los espacios públicos en los cuales están emplazados los comercios, como las calles. Pues bien, como son espacios públicos, todo ciudadano tiene derecho a transitar libremente en ellos. Es decir, hay un derecho de uso general sobre las calles y demás espacios públicos, que se extiende al derecho a permanecer en esos espacios, incluso, para hacer colas (aun cuando la cola sea por causas ajenas a las personas).

Luego, estas medidas de las gobernaciones están afectando el derecho ciudadano al libre tránsito. Además, también limitan —indirectamente— el derecho de acceso a bienes, dado que la prohibición de las colas se fundamenta -como vimos- en la necesidad de limitar el consumo para evitar conductas consideradas ilícitas, como la “reventa”.

Esto último es además indebido. Al eliminar las colas nocturnas para prevenir la realización de ilícitos, se está afectando a quienes legítimamente intentan adquirir bienes.

  1. Las gobernaciones no pueden limitar derechos fundamentales, salvo norma Legal habilitante. Las gobernaciones dictan actos administrativos que tienen un rango infra legal. Por ello, la prohibición de colas estaría contenida en actos administrativos. Sin embargo, las gobernaciones no pueden dictar actos que limiten derechos fundamentales,  como la libertad de tránsito, pues esas limitaciones solo pueden estar establecidas en la Ley.

Lo que debemos preguntarnos entonces es si los Estados pueden tener Leyes que permitan prohibir colas de consumidores para evitar ilícitos.

  1. Los estados no tienen competencia en materia de protección al consumidor. Ni siquiera mediante Ley podrían los Estados prohibir hacer colas como medida para evitar ilícitos, pues los Estados no tienen competencia para regular el consumo.

En efecto, según la Constitución, la regulación del consumidor es competencia del Poder Nacional (artículo 156). Con lo cual, la regulación de las colas de consumidores sólo podría ser acordada por el Poder Nacional, tanto más cuando se trata de la limitación al derecho al libre tránsito.

Con lo cual, ni siquiera mediante Ley podrían las gobernaciones regular las colas de consumidores, pues esa materia es competencia del Poder Nacional.

  1. Las colas y el orden público. Asunto del todo distinto es que las colas de consumidores puedan alterar el orden público, por ejemplo, con ruidos molestos o afectando el tránsito. En ese caso, sin embargo, no serían los Estados quienes podrían intervenir sino los Municipios, al tratarse de un asunto propio de la vida local.

Pero nótese que no se trata de prohibir las colas para evitar ilícitos económicos, sino de regular situaciones concretas de posible alteración del orden público.

  1. Atendiendo a las consecuencias y no a las causas. Más allá de lo antes dicho, este tipo de medidas ratifica que la atención de ciertas políticas suele colocarse en las consecuencias —las colas— y no en las causas —las restricciones a la oferta de bienes, como los alimentos. Y como no se identifica adecuadamente esa causa, entonces, se adoptan medidas que paradójicamente agravan las condiciones que causan colas, lo que terminará generando más colas.

Pues si se prohíbe hacer colas de noche —lo que es inconstitucional, según lo visto— entonces los consumidores tendrán que hacer más colas de día.

Hay que tomar en cuenta, como explica el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, que la cola es un mecanismo de racionamiento del consumo, pues difiere en el tiempo el acceso a los bienes. La cola, además, incrementa el costo de adquisición del bien por el tiempo invertido en ello.

Con lo cual, estas medidas de las gobernaciones lo que terminan es racionando el consumo, al obligar a las personas a hacer cola, únicamente, de día, incrementando todavía más el costo de adquisición.

Con ello se ignora que el problema no son las colas, sino la restricción del consumo como consecuencia de erradas políticas públicas, como ha explicado Angel Alayón.

Y prohibir las colas nocturnas es, simplemente, parte del problema que genera esas colas.

La quiebra y el remate de Venezuela

Antonio de la Cruz, Director Ejecutivo de Inter American Trends

Nicolás Maduro necesitó 635 días para quebrar a Venezuela. Un año y nueve meses de políticas para controlar aún más la economía -control de precios, control de las divisas, control de las importaciones, control de la propiedad privada, entre otros- ha reventado el modelo productivo que ha tratado de  implantar el Socialismo del Siglo 21 los últimos doce años.

El sustento de esta ideología ha sido la abundancia de petrodólares obtenidos a través del precio del barril de petróleo y/o el endeudamiento a cambio de la producción futura de crudo venezolano.

La caída del precio del crudo tipo Brent y WTI en los mercados de Londres y Nueva York desde julio del año pasado ha llevado al petróleo venezolano a cotizarse esta semana en el nivel más bajo desde hace seis años (2009): $38 por barril. Un nivel de precio que profundiza los “desequilibrios” en la economía de Venezuela, haciéndola insostenible si Maduro mantiene el actual curso de acción.

Al convertir, el gobierno de los últimos 12 años, al petróleo en un principio-eje de la acción política-económica-social, (95% de las exportaciones y 96% de las divisas) minó la producción nacional, llevando al país a importar el 75% de los insumos que consume. Así, como también, ancló la paridad cambiaria por la supuesta disponibilidad de dólares.

La maximización  de este principio agudizó los resultados negativos para el país.

El 2014 cerró con una contracción del Producto Interno Bruto del -3,5%, un déficit fiscal estimado en -25% del PIB, y Reservas Internacionales en un 18% por debajo del nivel óptimo. Lo que han generado una caída de las exportaciones del -6% (tres primeros trimestres del 2014); al igual en las importaciones -17,6% (balanza de pagos) que creó un alto desabastecimiento (60%). El consumo privado, también, se contrajo en -3,4%, así como el gasto de inversión en -18,3%.

Para el 2015, las últimas estimaciones ubican el precio del petróleo tipo WTI entre $25 a $30 por barril para el primer semestre y entre $35 a $45 por barril en el segundo semestre.

Las consecuencias para Venezuela son de tal magnitud que en el primer semestre recibirá $16.609 millones menos y en el segundo $13.233 millones  menos por ingresos netos por exportación de crudo, con respecto al año pasado.

El impacto anual será de menos $29.842 millones. Un 73% menos que en el 2014.

El escenario de quiebra del país es eminente. Los recursos líquidos en divisas extranjeras no son suficientes. Los activos externos líquidos del sector público, ($20.929 millones al cierre de 2014), se mantienen en una base constante por lo que no están disponibles, buena parte de los mismos, para cubrir el déficit de los ingresos de la exportación neta petrolera y así atenuar el descenso de las importaciones y cubrir los pagos del servicio de deuda externa.

Los dos últimos años el incremento de los saldos en divisas liquidas ha dependido exclusivamente de las renovaciones de los tramos de $4.000 millones del Fondo Chino (2007).

Del monto total de los activos externos líquidos del sector público, el 58% corresponderían a los recursos aportados por el Fondo Chino  integrado por  el Fondo Pesado y de Gran Volumen que tiene una parte en moneda china, además del saldo en la cuenta colectora asociada por la veta de los volúmenes de crudo y/o productos a China.

Ante los altos precios del barril de petróleo (2007- junio 2014), PDVSA-Bandes retiraba periódicamente de la cuenta colectora en el Banco de Desarrollo de China los recursos en exceso que quedaban una vez cancelado el servicio de la deuda.

Sin embargo, con caída de los precios desde julio pasado, PDVSA acordó enviar sólo los volúmenes de crudo y/o productos necesarios para cancelar el capital e intereses de la deuda china, por lo que el saldo remanente -si lo hubiese- en la cuenta colectora habría quedado como colateral.

Un 25% de los activos líquidos estaría distribuido entre las diversas empresas e instituciones financieras del sector público en el que se incluye a PDVSA. Estos recursos son necesarios para garantizar las operaciones ordinarias, como el fondo rotatorio de PDVSA o los colaterales de las operaciones internacionales de las instituciones financieras del sector público. Por tanto, no estarían disponibles para la oferta de divisas a la economía.

El último representa un 17% ($3.558 millones) que correspondería a los saldos externos del Fonden y la Oficina Nacional del Tesoro (ONT), así como recursos en divisas en manos del BCV que no forman parte de las Reservas Internacionales. Estos recursos estarían disponibles para el servicio y pago de deuda externa o para importaciones.

En cuanto a la disponibilidad de las Reservas Internacionales, el BCV disponía de $22.061 millones para el 30 de diciembre 2014, que podrían ser utilizados para financiar las importaciones y pagar deuda externa o apoyar el inicio de un nuevo esquema cambiario. Sin embargo, la mayor parte de estas Reservas Internacionales se encuentra en Oro monetario.

Las Reservas Líquidas se ubicaron en $3.103 millones para el mismo período, cifra que se incrementó al cierre de 2014 debido a la drástica reducción de la oferta de divisas a la economía durante el último trimestre del año. El resto se encuentra en Derechos Especiales de Giro (bonos de otras naciones) y Fondo Chino.

Del total de $42.990 millones correspondientes a la suma de los activos líquidos externos y las reservas internacionales, el gobierno de Maduro sólo disponía de $6.661 millones el 30 de diciembre 2014, para hacer frente a la caída de los precios del petróleo.

Para el 8 de enero del 2015 ese monto disminuyó a $5.507 millones debido a la caída de las Reservas Internacionales Líquidas en la primera semana de enero.

Si el impacto proyectado -por ahora- para el 2015 de la caída de los precios del petróleo es de $29.842 millones, el gobierno de Maduro necesita, hoy, para mantener el desempeño económico del 2014, la cantidad de $24.335 millones.

Una situación financiera tan precaria que para salir de ella, Maduro ha ofrecido en su reciente vista al exterior varios activos a cambio de préstamos inmediatos. En China el colateral fue la Corporación Venezolana de Guyana y en Qatar yacimientos de petróleo.

Si Maduro continúa sosteniendo la situación del modelo económico actual sin un cambio radical, en el 2015 habrá un incremento significativo de la escasez de productos e insumos; varias operaciones de canje de deuda; una inflación de tres dígitos medio-alto; y el incremento de la deuda de PDVSA con el BCV para financiar el déficit público.

La caída de los precios del petróleo permitió emerger de cómo Maduro quebró al país y de que para continuar al frente pretende rematarlo.

Gracias a ustedes estos son nuestros números del 2014

Desde que creamos el blog en el 2012, hemos recibido 953.229 visitantes.

Quienes nos visitaron, hicieron 1.138 comentarios a nuestros temas.

En el 2014…

Este blog fue visto cerca de 620.000 veces en el año. En promedio, esto es más de 51.600 visitantes mensuales.

Subimos 52 imágenes. Eso es un promedio de 4 por mes.

El día más movido fue el 12 de marzo con 83.736 visitas.

El artículo más popular fue Médicos integrales comunitarios, un verdadero fraude.

Patrón de publicación

Publicamos 120 artículos nuevos, aumentando el archivo completo del blog a 550.

Categorías

Nuestros artículos están agrupados en las siguientes:

Los artículos más visitadas

1 Médicos integrales comunitarios, un verdadero fraude.

2 Chavistas en el imperio.

3 Así es la rumba en los penales.

4 “Los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”.

5 Todo lo que debe saber de la Ley Orgánica del Trabajo.

¿Cómo nos encontraron quienes nos visitaron?

Los sitios más referentes fueron:

facebook.com

twitter.com

pioven.wordpress.com

flipboard.com

linkis.com

¿De dónde vinieron?

¡De 163 países! La mayor cantidad de visitantes provino de Venezuela, de EEUU y de Colombia.

En el enlace al pie, podrá conocer los otros 160 países y cuántos visitantes por cada uno.

¿Quiénes comentaron?

El artículo que tuvo la mayoría de comentarios fue Médicos integrales comunitarios, un verdadero fraude

¿Quiénes lo hicieron la mayor cantidad de veces?

1 Carlos, 19 comentarios.

2 Mery García Rodríguez, 18 comentarios.

3 María Isabel Gutiérrez, 17 comentarios.

4 Puerto2014, 13 comentarios.

5 Ortiz, 8 comentarios.

Le invitamos cordialmente a ver el reporte completo.

Haz click para ver el reporte completo.

Síganos también en @saladeinfo

Venezuela: una nación destruida

Luis Carlos Vélez, El Espectador

Los regímenes totalitarios, como el de Nicolás Maduro, viven en un mundo imaginario donde la verdad es sólo aquella que les conviene.

Esa realidad paralela, donde abundan los borregos y los áulicos, está construida bajo la premisa de que el único bueno es el líder y lo demás, que pueda hacer pensar de una manera diferente, es la encarnación de lo prohibido, lo enemigo y lo detestable.

Venezuela sólo da pasos hacia atrás desde que Hugo Chávez entró al poder. Sin embargo, ese ritmo de destrucción se ha acelerado desde que su sucesor, Nicolás Maduro, es presidente.

Desde entonces, la nación ha puesto el pie en el acelerador en el camino hacia el despeñadero económico, llegando formalmente la semana pasada a la recesión.

Nunca antes ese país, otrora envidia de millones en América Latina, había estado en peores condiciones económicas. Sólo en 2014 su inflación fue superior al 60%, una de las peores en el planeta, y su crecimiento por dos períodos consecutivos, negativo.

Esta situación se ejemplariza con tan sólo recorrer las calles de Caracas. Hacerlo es una invitación a la muerte y la melancolía. Tan sólo el camino del aeropuerto de Maiquetía al centro de la ciudad es una lotería. La vía es una de las más accidentadas y violentas del continente. El viaje, de una hora de duración, es una verdadera carrera de obstáculos.

El recorrido se hace a gran velocidad, evitando cruzarse con camionetas de vidrios negros que cierran a los otros autos y que ante la más mínima provocación dejan ver a sus pasajeros armados y dispuestos a disparar.

Tampoco se puede confiar en la fuerza pública, ya que si identifican que la tripulación es extranjera, harán todo lo posible para amedrentarla y, en el mejor de los escenarios, buscar un soborno. Y ni hablar de las pandillas armadas de motociclistas vestidos de rojo revolución, que a altas velocidades, y usando sus bocinas para ensordecer a los demás, arrinconan los autos golpeando sus espejos laterales y puertas con el único objetivo de mostrar fuerza, al mejor estilo de Mad Max.

De los años de opulencia anteriores a Chávez y Maduro sólo quedan unas autopistas viejas que, como en La Habana, hacen entender que alguna vez en el lugar reinó la prosperidad.

El socialismo del siglo XXI destruyó Venezuela y los valores de la mayoría de sus habitantes. Ese modelo económico romántico y adusto no sólo acabó con la industria del país, sino que también creó un modelo económico alterno de sobornos y aprovechamiento de la ley que únicamente le generó beneficio a quien, dentro del gobierno, tenía las armas y la fuerza para someter a los demás.

La tasa de cambio siempre fue testigo de los abusos. Y aunque desde el palacio de Miraflores hicieron todo lo posible para decir que las devaluaciones de la moneda eran producto de una guerra económica y se crearon tasas de cambio alternas para esconder el problema de fondo, siempre mostró que los desbalances económicos eran reales e insostenibles.

Ahora ya no hay petróleo caro para financiar la rampante corrupción ni la ineficiencia de los agentes gubernamentales.

Tampoco hay un líder fuerte para que a punta de rifle, insultos, y miedo mantenga la sumisión y el orden ficticio que ese tipo de regímenes crea. Y para cerrar el cuadro, cada vez es menor el respaldo internacional. Sin plata no hay cómo comprar conciencias en el continente, ni mucho menos para financiar el Alba o canales de TV para distribuir el lavado de cerebro.

Ahora, con los acercamientos entre EE.UU. y Cuba, Maduro se quedó sin el demonio al que echarle la culpa. Una que sólo le pertenece a él y su imposibilidad de gobernar.

En plena campaña política para las más recientes elecciones presidenciales en Venezuela, le pregunté a Henrique Capriles para qué quería ser presidente de un país que en el corto plazo se iba a reventar económicamente. Me respondió que era su deber y que el país no aguantaba más.

Efectivamente, el país no aguantó más. Ahora que está reventado, la verdadera revolución para acabar con este período de espejismos cubanos revolucionarios, debe comenzar.

¿Tiene el gobierno de Maduro mecanismos para sacar a Venezuela de la recesión?

Diapositiva1Víctor Salmerón, Prodavinci

Las estadísticas difundidas por el Banco Central de Venezuela registran que en los tres primeros trimestres del 2014 la producción retrocedió de manera continua y la economía descendió 3,9% al contrastar los primeros nueve meses del año con el mismo lapso del 2013, con lo que técnicamente padece una recesión.

Al mismo tiempo, la inflación experimentó un salto en torno a 64% para todo el año. Es decir: la cuarta cifra más elevada desde 1950.

El malestar que desatan estos dos espasmos simultáneos es profundo. Si la producción declina, las ventas caen, de modo que las empresas no necesitan contratar nuevo personal y no hay ganancias para ajustar los salarios en la misma magnitud en que aumentan los precios, forzando a las familias a consumir menos.

Para discutir la gravedad de la enfermedad suele ser útil ejemplificar con las formas de las letras: si la economía sufre una crisis en forma de V, tras la caída del 2014 experimentará una recuperación rápida en el 2015; si la crisis es una U, habrá un período más largo en la profundidad y un ascenso hacia el último trimestre de este año o comienzos del 2016; una crisis con forma de L es el peor escenario: supone declive y estancamiento por un largo tiempo, sin ningún indicio de mejora.

Las crisis anteriores

La historia reciente nos dice que a finales del 2008 la irrupción de la crisis financiera internacional derrumbó los precios del petróleo y la administración de Hugo Chávez, ante la falta de ahorros para adoptar una política distinta, respondió con recorte del gasto en bolívares, reducción en la asignación de divisas y aumento de los impuestos.

Como era de esperarse, esta mezcla negativa hundió a la economía en una recesión que duró 18 meses, desde el segundo trimestre del 2009 hasta el tercer trimestre del 2010.

¿Cómo se abandonó este ciclo negativo?

Básicamente a través de cucharadas de gasto público e inyección de divisas al sector privado gracias a que el precio del barril recuperó el brillo perdido (la cesta petrolera venezolana promedió 101 dólares en el 2011, registrando un salto de 39% respecto al 2010) y a operaciones de financiamiento que también incrementaron la cantidad de dólares disponibles para importar.

En la expansión que tuvo el gasto público en el 2011 destaca que el gobierno inició la Gran Misión Vivienda Venezuela, con lo que impulsó la construcción y áreas de la manufactura, mientras que a través de Cadivi y el Sitme aumentó de forma importante la asignación de divisas para las empresas privadas.

Ahora es distinto

Nuevamente Venezuela tiembla ante una caída de los precios del petróleo, producto que aporta 96% del ingreso de divisas. La combinación de mayor oferta y poco crecimiento de la demanda ha hundido el oro negro y el barril venezolano se cotiza en 48 dólares, magnitud que refleja un declive de 51% respecto al promedio de junio, pero a diferencia del 2009-2010 la recesión se gestó y comenzó antes de la caída del crudo.

En los primeros nueve meses del 2014 la cesta petrolera venezolana promedió 95 dólares y a pesar de esto la economía retrocedió de forma constante porque el gobierno recortó las divisas que entrega al sector privado, dejando a las empresas sin suficiente materia prima y recursos para cancelar deudas con sus proveedores en el exterior.

Antes del violento declive de los precios del petróleo, la economía ya estaba en crisis en un entorno donde un tipo de cambio artificialmente barato disparó las solicitudes de dólares, la producción de Pdvsa se estancó, acuerdos de financiamiento a países aliados redujeron el ingreso por las ventas de crudo y creció el monto a pagar en capital e intereses de la deuda externa.

Al mismo tiempo emergió el fracaso del Socialismo del Siglo XXI en el propósito de crear una red de empresas públicas capaz de exportar y producir en áreas esenciales, así como la falta de efectividad del control de cambio y el control de precios.

El pasado 30 de diciembre el Presidente de la República, Nicolás Maduro, anunció que aplicará un “programa económico de recuperación de corto plazo, a seis meses que impacte sobre las variables crecimiento, inflación inducida, y sobre las variables fundamentales de la economía”.

Hasta ahora no hay mayor precisión, Nicolás Maduro se limitó a explicar que el plan contempla “un nuevo sistema cambiario que se basa en el perfeccionamiento de la atención de los distintos mercados”; “ir a fondo en la reforma fiscal, y elevar la recaudación real”, optimizar el gasto público”, “el fortalecimiento de las reservas internacionales”, “la creación de un Fondo Estratégico de Reserva en Bolívares. La meta es este año 400 mil millones de bolívares”, “la aplicación eficiente del Sistema de Precios Justos Equilibrado”, “iniciativas sostenidas de ahorro y control del exceso de liquidez”, “el desarrollo de las Zonas Económicas Especiales, en la frontera con Colombia, en la Zona Económica Especial de Paraguaná, y en la Faja Petrolífera del Orinoco”, así como fondos para estimular al sector industrial.

Pocas fuerzas

El economista Orlando Ochoa considera que no hay manera de aplicar un plan de recuperación que impulse a la economía y la saque de la recesión en el corto plazo.

Econ. Orlando Ochoa Imagen: http://tururutururu.com

“Con el precio actual de la cesta petrolera venezolana el año entrante habría un descenso de 35 mil millones de dólares en los ingresos de divisas con un aparato productivo mucho más golpeado que el que existía durante la recesión el 2009-2010, empresas privadas endeudadas con proveedores en el exterior, Pdvsa con una deuda comercial muy grande, concentración de vencimientos de deuda externa, esta es una situación sin precedentes. La debilidad de las reservas internacionales no deja más alternativa que adaptarse a un menor flujo de divisas y aceptar la caída de la actividad económica y a mediano plazo podría salirse de la crisis cambiando el modelo económico del Socialismo del Siglo XXI”.

Econ. José Guerra Imagen: http://img.yoyopress.com

José Guerra, exgerente de investigación económica del Banco Central, señala que “la única manera de sacar a la economía de la recesión en el corto plazo es con un plan de financiamiento externo que disminuya la escasez de divisas y esto solo es posible con el anuncio de un programa económico creíble e integral que entre otras cosas avance hacia el desmontaje de los controles y permita la recuperación del sector privado”.

Desde su punto de vista “hay que tomar en cuenta que hay una recesión que se combina con alta inflación, por lo tanto un plan de inyección de gasto en bolívares que es lo que puede hacer el Gobierno puede acelerar el incremento de los precios porque la escasez de divisas frena las importaciones y se ha perdido capacidad productiva tras años de controles y expropiaciones”.

Las proyecciones de analistas y entidades financieras apuntan a que el precio del petróleo no experimentará un incremento importante en el corto plazo y la República no cuenta con un fondo de estabilización.

A esto se añade que las reservas internacionales se ubican al cierre del 29 de diciembre en 22.064 millones de dólares, magnitud que refleja una caída de 25% respecto al cierre del 2010 y el elevado riesgo país prácticamente ha cerrado la posibilidad de emitir bonos para obtener financiamiento.

El escenario de una recesión en V, con recuperación vigorosa en el corto plazo como ha anunciado el Presidente Nicolás Maduro, haría que la economía venezolana marchara en dirección contraria a lo que esperan analistas y organismos multilaterales.

Ecoanalítica proyecta que en el 2015 el PIB retrocederá 4,6% y la inflación se ubicará entre 110% y 120%, mientras que el FMI y la Cepal también pronostican otro año bajo el signo negativo.

Cinco alternativas laborales para el 2015

Jair De Freitas De Jesús, Notilab

Cierra un 2014 catastrófico, donde el trabajo de los laboralistas fue inminentemente destructivo: validación legal de pasivos laborales y liquidaciones, salidas negociadas, reclamos y litigios, desaceleración del ritmo de ajustes en los beneficios, inhibición de expansión y crecimiento, análisis de escenarios de cierre e incluso acompañamiento en dichos procesos.

Con contadas excepciones, el contexto no dio para hablar de muchas negociaciones colectivas ni de grandes conquistas en los casos que se celebraron, tampoco referir a la inversión generadora de puestos de trabajo ni mejoras reales al salario.

Los empresarios responsables que aún sobreviven en el país han tenido y tienen aún una pregunta en mente que les quita el sueño; a saber: ¿cómo continuar operando el año que viene?

La verdad es que no es para menos la preocupación. Si con un barril de petróleo que superaba los 90 dólares no fuimos capaces de invertir, generar desarrollo y bienestar, sino atornillar un proyecto político a punta de populismo, manejo poco transparente de las finanzas y una gran ineficiencia de la política fiscal y monetaria, qué queda esperar ahora que el precio del crudo coquetea con la baranda de los cincuenta dólares; es decir, cuando ha perdido aproximadamente 45% del valor en muy pocos meses.

Como he dicho antes, vivimos en un país que casi todo lo importa y en donde lo muy poco que aun se produce depende también de insumos que deben ser traídos del extranjero. Si hubo escasez con un petróleo elevado, cómo no esperarla con un barril deprimido.

Llegó la hora del sincericidio económico y por tanto del saneamiento del manejo de las relaciones de trabajo.

Al régimen se le acabaron las excusas para defender el fracaso de todo este tinglado del socialismo del siglo XXI.

El presidente obrero se quedó solo en su lucha contra el imperio, capitalismo, neoliberalismo o como quiera llamarlo.

¿Quiénes son los perjudicados? Los sobrevivientes de nuestro país.

Surge entonces la pregunta central: ¿es posible recomponer nuestro sistema de relaciones laborales para 2015? La respuesta es que sí se puede.

Desde luego, quienes regentan deben estar dispuestos a sanear la política laboral y de seguridad social del país. Sin populismos, sin discursos que causen más divorcios entre los distintos actores laborales.

El primer paso consiste en reactivar el diálogo y la concertación social pidiendo el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo. Sin doble verbo, en un compromiso responsable y sincero que nos ayude a transitar juntos la crisis económica que nos aguarda a la vuelta de la esquina.

¿Cuáles son principales puntos de esa agenda?

En mi criterio urge abordar cinco ámbitos; a saber: la insuficiencia del salario, la protección del trabajo, el fomento de las fuentes de empleo, la retención del talento y revisión de los costos de la aplicación de la legislación laboral.

Primero

Respecto de la insuficiencia del salario, las variables socioeconómicas hablan por sí solas.

Es trillado seguir insistiendo en que el salario mínimo no cubre la canasta alimentaria normativa. El indicador más claro está en el bolsillo de los venezolanos.

La política salarial no puede consistir en actualizaciones parciales de la inflación. Es preciso renovar el gabinete económico y rodearse de un equipo con verdadera capacidad para atacar las causas estructurales de dicho flagelo.

Disciplina y apego irrestricto a buenas prácticas en materia fiscal y monetaria son condiciones sin las cuales no es posible recobrar el poder adquisitivo del salario.

En un contexto de crisis, es riesgoso, irresponsable y contraproducente pretender seguir siendo ilimitadamente progresista, por tanto, los salarios deben ser objeto de la concertación social entre Estado, patronos y trabajadores.

Segundo

En cuanto a la protección del trabajo, hay que ser muy ingenuo para creer que la tasa de desempleo del país es de 6,4% como señala el Instituto Nacional de Estadísticas.

Las calles están llenas de testimonios de personas que luego de perder su trabajo anterior, no consiguen reinsertarse en el mercado laboral. Vivimos en una economía laboral de empresas, esto es, donde la oferta de trabajo es poca y muchos son los aspirantes; con una notable contradicción: captar talentos que reúnan el perfil que debe tener el ocupante del cargo, es cada vez más cuesta arriba. La inamovilidad laboral se tradujo en ausentismo, en inobservancia a las obligaciones propias de un contrato de trabajo, en impunidad laboral.

Las inspectorías del Trabajo están colapsadas de procedimientos de reenganches y calificaciones de falta que para lo único que han servido es para encarecer los despidos. La alternativa para esto, la explora ya la zona euro desde hace algún tiempo: la flexiseguridad.

Se trata de un nuevo esquema de relaciones laborales basado en una menor rigidez en la contratación (que estimula el mercado de trabajo) mayor protección para personas con contingencias de pérdida de empleo; y en tercer lugar, fomento en formación y reinserción laboral.

No se puede sostener irresponsablemente la hiperprotección, corresponde delimitar bien a quién proteger, cómo y hasta donde proteger.

Tercero

El fomento de las fuentes de trabajo. Ya basta de golpear el emprendimiento, extorsionarlo, chantajearlo y de obstaculizar el desarrollo del aparato productivo con controles inútiles que lo único que hacen es promover la esclerosis del flujo económico, auspiciar la corrupción y enriquecer a unos pocos.

Reprimir y asfixiar el capital privado inhibe las muy necesarias inversiones extranjeras, frena la expansión del desarrollo nacional y compromete las fuentes de trabajo existentes. Durante 2015, es imperativo que el Estado asuma un rol sensato de acompañamiento de la inversión privada, de su fomento sincero.

El empresario, el inversionista, el patrono-empleador no son enemigos ni un mal necesario.

Cuarto

La retención del talento. Quienes están ligados al manejo de Recursos Humanos tienen muy claro que este ha sido uno de los problemas más significativos de 2014: conformar, consolidar y mantener un sólido equipo de trabajo.

El contexto inflacionario alimentó el gen mercenario de muchos colaboradores, quienes ante la necesidad económica optaron por cambiar de trabajo, a veces por muy poca diferencia salarial.

El estancamiento no solo de las condiciones y beneficios económicos con ocasión del trabajo, sino además las escasas oportunidades de desarrollo profesional colocó al segmento profesional a mirar más allá de las fronteras.

Sacar al país del atolladero económico en el que estamos sumergidos, depende de contar con la mayor cantidad y calidad de talento humano.

Por tanto, urge que el Estado fomente y revitalice el sistema de relaciones laborales para crear condiciones favorables que permitan a nuestros connacionales contar con verdaderas oportunidades de desarrollo de carrera, de ascenso social, con bienestar y calidad de vida.

Quinto

Los costos excesivos resultantes de la aplicación de las normas laborales vigentes. He repetido varias veces sobre el impacto económico de la LOT: sostener un régimen retroactivo de prestaciones sociales en una economía inflacionaria, fomenta el estancamiento salarial.

El trabajador se desfasa del mercado de trabajo, las bandas salariales se solapan, al tiempo que peligrosamente se aproximan al salario mínimo. Se frenan incentivos para el desarrollo de carrera y aumenta la rotación de trabajadores.

Un esquema rígido de relaciones de trabajo como el que tenemos fomenta contrataciones por tiempo determinado, el cambio de empleo pasa a ser la mejor vía para lograr verdaderos ajustes salariales; y el estancamiento del sueldo acaba por incentivar fórmulas pararremunerativas.

La mejor demostración de esto último, la acabamos de presenciar los venezolanos cuando el presidente obrero tuvo que ajustar el salario mínimo por debajo de la canasta alimentaria normativa e incrementar los límites del beneficio de alimentación (que no se considera sueldo según la legislación del trabajo vigente).

Lanzarse por la ruta de decretar nuevos “beneficios adicionales de carácter no remunerativo” sería correr una arruga que más temprano que tarde también vamos a tener que sincerar.

Lo que corresponde es modificar con sensatez los costos actuales de la normativa laboral vigente como condición de viabilidad económica en nuestro país. Omitirlo equivaldrá a seguir fabricando miseria.

Venezuela es el segundo país con la tasa más alta de homicidios del mundo

El año que concluye estuvo marcado por el asesinato de figuras públicas que mostraron la amplitud de la victimización que ocurre en el país.

Desde el asesinato de la actriz Mónica Spear y su esposo a comienzos del mes de enero, hasta la muerte del diputado Robert Serra a fines de año, la violencia homicida acabó con miles de vidas de venezolanos de todos los sectores sociales y todas las tendencias políticas.

El luto embargó a miles de familias que lloraron a sus deudos asesinados sin encontrar protección, indemnización, ni justicia.

La censura oficial a los datos de criminalidad y violencia que por once años ha tenido el país, nos obliga nuevamente a los investigadores de las siete universidades nacionales que integramos el Observatorio Venezolano de Violencia a ofrecerle al país nuestras estimaciones de muertes violentas en el año que está próximo a concluir.

A partir de las informaciones parciales a las cuales tuvimos acceso en distintos lugares del país y del análisis del comportamiento violento y de las políticas públicas en materia de seguridad, procedimos a realizar la estimación de: (1) las muertes violentas de los casos de homicidios, (2) las averiguaciones de muerte y  (3) las víctimas por resistencia a la autoridad, de manera separada.

Para conseguirlo consideramos la clase de modelos de pronóstico de series temporales conocidos bajo el nombre genérico de modelos de suavizado exponencial. Estos modelos resultan adecuados para series como las que ahora estamos manejando, a saber, series con tendencia, pero sin estacionalidad.

Otra característica deseable que tienen estos métodos, es la de otorgar mayor peso en las predicciones a los datos más recientes de la serie y menor peso a los valores más antiguos. Dentro de esta clase de modelos elegimos aquellos de mejor ajuste a los datos de los casos conocidos por el CICPC para las tres series temporales mencionadas.

Para el evento de los homicidios el modelo de mejor ajuste resultó ser el modelo de Holt. Para los casos de resistencia a la autoridad, el modelo que mejor explica los datos es el de Brown y para las muertes en averiguación, que se comportan casi sin tendencia, una simple diferenciación permite obtener predicciones con el menor error posible (Ver apéndice técnico anexo).

Los resultados obtenidos nos indican que conservadoramente podemos estimar que el año 2014 concluirá con 24.980 fallecidos y una tasa de 82 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

Esta tasa muestra un leve incremento con relación a la reportada para el año 2013, una vez ajustada la base poblacional del cálculo, lo cual indica que no han existido avances en el control del delito y la violencia en el país, a pesar de los importantes anuncios y planes desarrollados por las autoridades.

Con esta tasa, o con otra todavía más conservadora calculada por la Organización Mundial de la Salud (OMS-WHO, 2014), Venezuela está ubicado como el segundo país con la más alta tasa de homicidios del mundo, sólo superado en su magnitud por Honduras (con una tasa de 104 por 100mil/hab.), que ocupa el primer lugar.

En Venezuela se cometen muchos más asesinatos que en países considerados tradicionalmente violentos como Jamaica (con una tasa de 45 por 100mil/hab.), El Salvador (con 44 por 100mil/hab.), Colombia (44 por 100mil/hab.) y con una tasa mucho más elevada que la de Brasil (32 por 100mil/hab.) o México (22 por 100mil/hab.)

Aunque no pudimos observar un crecimiento relevante en el número de los homicidios en el conjunto del país, sí encontramos diferencias en las regiones, pues en unas áreas disminuyó el delito violento, mientras que en otras se incrementó, sin que puedan encontrarse explicaciones consistentes para una u otra tendencia.

La propensión general observada por los distintos equipos de investigación es hacia la expansión del delito violento en todo el territorio nacional. Zonas que hasta hace poco tiempo eran seguras, se han convertido en territorio de las bandas armadas que agreden y extorsionan a sus habitantes.

Los equipos han observado igualmente un incremento del hurto y el robo cometidos por delincuentes no profesionales.

Amparados en la impunidad, en la desesperanza de la población que no denuncia a las autoridades los delitos de los cuales ha sido víctima y en la falta de respuesta de las policías, se ha generalizado en una parte de la población un comportamiento delictivo amateur como modo de vida, como un medio aceptado del “rebusque” para completar los ingresos o adquirir un bien de consumo deseado.

Paralelo a esto se ha dado un proceso de mayor estructuración del delito organizado y de mayor ampliación de sus actividades. Venezuela continúa siendo una plataforma privilegiada para el transporte de droga hacia Europa y Estados Unidos y para el lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

En su paso por el país una parte de la droga se queda en el territorio y debe buscar nuevos compradores. En los centros de salud se ha observado una presencia creciente de consumidores no solo de la cocaína, sino también de la heroína.

El secuestro y la extorsión se han generalizado en los distintos sectores sociales.

El secuestro pasó de ser un delito que golpeaba a los grupos de altos ingresos a ser mayoritariamente un delito que afecta a la clase media y los trabajadores.

La extorsión de los transportistas, comerciantes y constructores por grupos violentos que exigen un pago regular para poder permitir la actividad se ha generalizado a los medianos y pequeños actores económicos.

El año que concluye ha visto también un incremento en el asesinato de funcionarios policiales.

En Caracas durante el 2014 fueron asesinados más de dos policías por semana, en Carabobo poco más de uno, en Aragua poco menos de uno.

Hay una desmoralización cada día mayor en los cuerpos policiales, quienes además de ser  victimizados se sienten sin autoridad y sin apoyo.

Hay un abandono de la carrera policial por muchos funcionarios honestos quienes opinan que no tienen ni la remuneración ni el respeto que su profesión merece. Al salir muchos se dedican a la seguridad y protección privada.

La respuesta de los funcionarios policiales que han visto fallecer a sus compañeros ha sido igualmente violenta. Muchos policías  tampoco creen en la justicia de los tribunales y han decidido tomar justicia por mano propia, lo que ha redundado en un ambiente de mayor violencia y agresividad en el país.

La presencia de grupos que hacen ostensivo su carácter armado, retando el monopolio de la fuerza y de las armas del Estado, ha tenido durante este año un efecto en la sociedad mucho mayor que el restringido a sus zonas de actividad.

Sus amenazas a los funcionarios y la destitución de las autoridades que intentaron aplicarles la ley, enviaron un mensaje profundamente negativo al país y a los propios funcionarios policiales quienes se sintieron una vez más desamparados por quien debía apoyarlos y reforzar su autoridad.

En los estudios de opinión realizados empleando encuestas por muestreo, hemos encontrado que hay un incremento en el miedo de las personas. Estas dejan de realizar actividades, regresan a casa y se encierran más temprano y confían más en la protección de sus vecinos que en la policía.

Las personas no se sienten protegidas por las autoridades y perciben que no hay justicia ni castigo. Menos del 10% de la población confía en la capacidad del gobierno para enfrentar eficientemente el delito y restaurar la seguridad.

El país necesita ser pacificado y reconciliado, para ello es necesario devolverle a la norma social y la ley su capacidad de regular las relaciones sociales, solucionar conflictos y propiciar el encuentro de la población.

En la siguiente tabla presentamos los datos de los 15 países con las tasas más elevadas de homicidios en el mundo recogidas en el informe antes referido de la OMS.

Diapositiva1Fuente: Elaboración propia del Observatorio Venezolano de Violencia sobre datos del  WHO-UNODC-UNDP Global Status Report on Violence Prevention, Geneva, 2014, los archivos del CICPC y cálculos propios.

*   Los estimados de la OMS aunque publicados en diciembre del 2014 fueron calculados con datos de 133 países obtenidos y revisados hasta 0ctubre del 2014 y estimados para el año 2012.

**  Los cálculos de la OMS para todos los países incluyen homicidio no intencional y muertes consideradas homicidios por accidentes de tránsito.

*** Los datos del Observatorio Venezolano de Violencia incluyen los casos de muertes por resistencia a la autoridad y las averiguaciones de muerte.