Manual del buen bolivariano: cómo “domesticar” a la prensa en 10 pasos

Kike A. Pretel, El Confidencial

Como en Los Diez Negritos de Agatha Christie, los medios venezolanos han ido sucumbiendo, uno tras otro, a la “hegemonía comunicacional” del chavismo.

Al igual que los infortunados personajes de la popular novela británica, todos escondían un cadáver periodístico en el armario por su funesto papel en el complot para derrocar a Hugo Chávez en el 2002.

Pero lo que comenzó como una venganza personal se ha convertido una cuestión de supervivencia política.

La prematura muerte del Comandante dejó al socialismo desnudo de carisma, corto de dinero y pobre en retórica para lidiar con el creciente caos económico y social que vive el país petrolero.

Las bondades sociales del proyecto bolivariano se marchitan por falta de liquidez, corrupción y desgobierno, mientras el descontento por el desabastecimiento, la inflación y el crimen crece incluso entre los sectores más fieles al difunto.

“Chávez era excelente imponiendo su modo de comprender el país, pero con las limitaciones del presidente Nicolás Maduro lo que queda es represión y control discursivo”, consideró Luis Carlos Díaz, del centro de investigación Gumilla, en una entrevista desde Caracas con El Confidencial.

En estas circunstancias, moldear la percepción de la realidad es tan importante, o más, que cambiar la propia realidad. Y mucho más sencillo. “Me van a llamar dictador. No me importa”, afirmó Maduro en febrero, cuando volvía a denunciar una conspiración de la prensa burguesa. “¡Les va a llegar su hora!”, prometió desafiante.

En sus 20 meses de mandato, tres de los últimos grandes medios afines a la oposición cambiaron de propietario y, poco después, de línea editorial. A esta novela de misterio solo le queda un capítulo.

1) Diez negritos se fueron de cena / uno se asfixió y solo nueve quedan

Nunca Chávez reflexionó tanto sobre el poder de los medios como en sus horas más aciagas del 12 de abril del 2002, secuestrado por un grupo de militares y civiles que lo derrocaron aprovechando una oleada de protestas opositoras.

El único canal público fue sacado del aire, mientras los medios privados silenciaban las dudas con dibujos animados y arengas en favor de los golpistas. La revolución bolivariana, surgida precisamente de un accidente mediático tras su propio intento de golpe de Estado en 1992, se quedó muda por primera -y última- vez.

La asonada se malogró en pocas horas, pero supuso un antes y un después en la Venezuela contemporánea. El presidente Chávez contraatacó con la creación de un mastodóntico sistema de medios públicos financiado con dinero de todos pero al servicio de su causa en el que él sería el único protagonista.

Actualmente, el Gobierno controla tres canales nacionales (VTV, Tves, VIVE), dos internacionales (Telesur, AlbaTV), varias televisiones locales (Ávila, Catia TV) y otras especializadas (ANTV, FanTV); una agencia de noticias (AVN), tres periódicos (Correo del Orinoco, Ciudad Caracas, Ciudad VLC), decenas de radios (RNV, YVKE, Radio del Sur) y una creciente red de medios comunitarios.

Sin embargo, hace tiempo los medios públicos venezolanos dejaron de ser significativos. Asfixiados por el mensaje oficial, se convirtieron en una loa permanente al “máximo líder” de un país en el que no hay crisis, ni oposición, ni corrupción, ni crimen, ni desabastecimiento.  No tienen malas noticias, pero tampoco tienen audiencia.

2) Nueve negritos se desvelan / uno durmió demasiado y solo ocho quedan

El 18 de junio del 2004, el presidente Chávez y el magnate mediático Gustavo Cisneros se reunieron -por mediación de Jimmy Carter- para atemperar los ánimos antes del referéndum con el que la oposición buscó, otra vez sin éxito, poner fin a su mandato. Lo que hablaron el hombre más poderoso de Venezuela y el hombre más rico de Venezuela esa tarde en Fuerte Tiuna sigue siendo un misterio. Pero lo que pasó a continuación en las pantallas, no.

Tras espolear el golpe y el paro petrolero del 2002, Venevisión -propiedad de Cisneros- y Televen, sufrieron un extreme makeover de línea editorial: dulcificaron sus noticieros, despidieron a sus anclas más antichavistas y se abandonaron al entretenimiento barato.

Las dos principales cadenas privadas del país cayeron en un profundo sueño informativo que les valió todo tipo de críticas, pero que también les permitió prosperar en medio de la vorágine política y beneficiarse de la caída en desgracia de la díscola competencia.

Cuando Chávez se murió siendo el hombre más poderoso de Venezuela, Cisneros seguía siendo el hombre más rico de Venezuela.

3) Ocho negritos a Devon llegan / uno se escapó y solo siete quedan

Era 28 de diciembre, pero no fue una inocentada. Con una reelección récord bajo el brazo, Chávez aseguraba pocos días antes de terminar 2006 que no renovaría la concesión de Radio Caracas Televisión (RCTV), acusándola de liderar una intriga permanente contra su Gobierno.

Seis meses después, empleados, actores, técnicos y periodistas del canal entonaban por última vez el himno nacional para poner fin a 53 años de transmisiones en abierto. La señal y los equipos del canal fueron confiscados para montar Tves, la televisión “revolucionaria” que nadie ve.

El mandatario venezolano pagó un alto precio político y electoral por sacar del aire a uno de los canales más populares del país –apreciado más por sus telenovelas que por sus informativos radicalmente antichavistas-. Pero el líder socialista quería sentar un claro precedente para sus antagonistas: la concesión como metáfora del poder. RCTV trató de escapar a la autocensura y fue silenciada.

4) Siete negritos cortando leña / uno se partió en dos y solo seis quedan

“Es grato dirigirme a ustedes para notificarles que están fuera del aire”. Con una escueta nota, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) retiraba en 2009 la concesión 33 estaciones de radio y a un canal local de televisión, mientras que otras 210 emisoras y 40 cadenas regionales fueron advertidas de no seguir “lavándole el cerebro al pueblo”.

Las frecuencias “liberadas” fueron colonizadas por emisoras comunitarias fieles al proceso cuya misión fue combatir la furia opositora en las ondas. El dial, como el país, partido en dos.

5) Seis negritos jugando en la colmena / la abeja picó a uno y solo cinco quedan

Chávez no vio caer a su último “jinete del apocalipsis”. Con las tres grandes cadenas Venevisión, Televen y RCTV neutralizadas, Globovisión subsistió durante seis años como último oasis periodístico de la oposición.

Con una cobertura muy limitada en abierto y una mínima audiencia en cable, el canal de información 24 horas no suponía una amenaza real para el poder y su antichavismo visceral daba cierto aire de pluralidad al espectro radioeléctrico. Pero Maduro no quiso dejar ningún cabo suelto.

Poco después de retener la presidencia por la mínima, un grupo de empresarios vinculado con el oficialismo compró la cadena de televisión por unos 70 millones de dólares.

La picadura de la boliburguesía resultó mortal. En pocas semanas, las denuncias de censura y presiones desataron el éxodo –voluntario o forzoso- de sus presentadores y periodistas más emblemáticos y radicales. Con la concesión a punto de vencer y una pila de expedientes que podrían hundir al canal, los nuevos propietarios tienen clara la nueva estrategia.

Juan Domingo Cordero

“Ustedes saben las razones por las qué Globovisión no venía a este palacio”, dijo Juan Domingo Cordero, nuevo presidente de la cadena, tras reunirse con Maduro. “Eso no va a volver a pasar”.

6) Cinco negritos cursan la carrera / uno llega a juez y solo cuatro quedan

Maduro ha implementado un nuevo mecanismo para doblegar a la prensa que todavía se resiste a la versión oficial. En el último año, el 40% de los periódicos del país se han visto obligados a reducir tirada y paginación debido a que las autoridadades les niegan las divisas preferenciales para importar papel.

Al menos ocho cabeceras han parado las rotativas, según la ONG Espacio Público. Sin embargo, para el Tribunal Supremo de Justicia esta atípica situación no supone “una amenaza para el derecho a la libertad de expresión”.

La sentencia corona tres lustros de juicios viciados, multas desproporcionadas y amenazas sistemáticas.

El diario Tal Cual fue condenado a pagar 100.000 dólares por una una carta satírica dirigida a la hija pequeña del expresidente Chávez.

El Nacional fue multado con el equivalente al 1% de sus ingresos brutos de 2009 por “atentar contra la salud mental de los niños” al publicar una foto de la morgue de Caracas con los cadáveres apilados al tuntún.

Un diario llegó a ser acusado de cifrar mensajes subversivos en sus crucigramas.

Las hemerotecas están trufadas con ejemplos del acoso legal y económico del chavismo contra el enemigo mediático.

Sin embargo, nunca se multó a un medio público.

7) Cuatro negritos por el mar navegan / un arenque rojo se tragó a uno y solo tres quedan

Cinco meses después de la venta de Globovisión, un desconocido grupo de inversores pagó unos 140 millones de dólares para hacerse con la Cadena Capriles, editora –entre otros- de Últimas Noticias (ÚN), el periódico más leído del país caribeño y un caso único en la polarizada arena informativa venezolana.

Con un director abiertamente chavista y un equipo de periodistas críticos, el diario lograba mantener una suerte de equilibrio noticioso dando cal y arena al gobierno y a la oposición con sus exóticos titulares.

Meses después de asumir la nueva gerencia, la jefa del premiado equipo de investigación del periódico renunció porque le vetaron un reportaje sobre las manifestaciones opositoras.

“No me necesitas en ese puesto”, cuenta Tamoa Calzadilla que le dijo al director Eleaza Díaz Rangel cuando presentó su dimisión en marzo. “Necesitas una operadora política, alguien experto en propaganda oficial y ésa no soy yo”.

Desde entonces, dicen en el gremio, al “diario del pueblo” se lo tragó la censura.

8) Tres negritos por el zoo pasean / un gran oso atacó a uno y solo dos quedan

Pretendían transmitir la zozobra de un golpe de Estado. ¡Fuera del aire!”. Maduro, furioso, justificaba así su decisión de sacar del cable al canal colombiano NTN24 por su cobertura en vivo de las protestas callejeras de febrero que la televisión nacional prefería ignorar.

También advirtió a la estadounidense CNN en Español que seguiría el mismo camino si no moderaba sus reportajes y revocó las credenciales de sus corresponsales.

El zarpazo demostró que la televisión por cable, que llega a más del 50% de los hogares venezolanos, no es inmune al “sueño hegemónico”.

“Nadie va a venir del exterior a tratar de perturbar el clima psicológico de Venezuela”, concluyó el presidente.

9) Dos negritos se sentaron al sol / se quemó uno de ellos y solo uno quedó

La compra de medios por empresarios abiertamente afines al oficialismo o sospechosamente anónimos parece haberse convertido en el nuevo patrón de avance hacia la domesticación del periodismo.

Tras más de un siglo bajo la tutela de la familia Mata, El Universal, decano de la prensa venezolana y referencia para los críticos del socialismo chavista, fue vendido por 22 millones de dólares a una misteriosa firma española con todos los visos de empresa fantasma sin dueños conocidos.

En poco más de un mes, una treintena de columnistas fueron dados de baja, se censuró una caricatura crítica y han comenzado a aparecer algunas piezas sin firmar en disconformidad por cambios de titulares o enfoque en las noticias.

Muchos temen que la anestesia informativa llegue rápidamente a la primera plana y queme la credibilidad del que fuera el diario más prestigioso del país.

“Lector de El Universal sospecha de cambio editorial tras leer el artículo ‘Maduro más bello”, resumió el portal satírico El Chigüire Bipolar.

10) Un negrito solo quedó / salió, se ahorcó y ya ninguno quedó

Con los medios tradicionales maniatados, la red se convierte en el último campo de batalla por amansar la percepción de la realidad.

Pese a que la penetración de internet en Venezuela es modesta (50%) y muy desigual por estratos socioeconómicos y geográficos, el país es notablemente activo en las redes sociales con 9 millones de cuentas en Facebook y más de 4 millones de usuarios en Twitter -una de las más tasas per cápita más altas del mundo-.

Las recientes protestas callejeras han sido un excelente ejemplo del poder de la pantalla virtual para soslayar el blackout informativo

“No todos en las redes se quieren informar de política, pero son muchos más de los que consumen prensa o televisión. Internet todavía es un medio excluyente en Venezuela, pero es ahí donde se está tejiendo la nueva plaza pública”, dijo Díaz, uno de los ‘tuiteros’ (@luiscarlos) más influyentes del país caribeño.

“Por eso no podemos hablar de control en futuro. El bloqueo de páginas web, el ‘hackeo’ de correos, el apagón digital… Ya está pasando”, aseguró.

El 14 de abril de 2013, en el momento más tenso de las elecciones más polémicas de las últimas décadas, el gobierno tumbó internet. Horas más tarde, el vicepresidente reconocía la medida –de cuatro minutos- como una defensa ante un supuesto ataque informático extranjero contra la página del Poder Electoral.

La combinación de exceso de fuerza con falta de criterio fue un claro recordatorio de lo fácil que es para el poder apretar el nudo corredizo de la soga digital.

Muchos recordaron entonces las palabras de Chávez, cuando en 2010 renegaba: “internet no puede ser una cosa libre donde se haga y se diga lo que sea”.

La “hegemonía”, a un negrito de distancia.

El polvorín de Sidor

César Miguel Rondón, El Nacional

Habíamos leído en estos días que Maduro en rigor nunca fue obrero, aunque si se destacó como dirigente sindical en el Metro.

Pero, paradójicamente, una de las características de su proceder gubernamental es que no se las lleva bien con los obreros. Para muestra, dicen, basta un botón.

Pues en este caso es un botón que ya está tiznado de sangre. Leo en el Diario 2001: “GNB paró a los obreros. Dos trabajadores resultaron heridos luego de que efectivos de la Guardia enfrentaran con gas y perdigones a la manifestación realizada en Puerto Ordaz.

El Correo del Caroní, en Ciudad Guayana: “Gobierno acciona su fuerza militar para acabar con protesta en Sidor. El Ejecutivo nacional intenta resolver la aguda conflictividad laboral en la acería a fuerza de bombas lacrimógenas y perdigones, dinamitando cualquier posibilidad de restablecer las negociaciones con Sutiss”.

Y se destaca una cita de José Luis Hernández, el presidente de Sutiss:“Presidente Nicolás Maduro, salga de Miraflores y venga a escuchar a los trabajadores que hoy lo estábamos esperando (…) el pueblo quiere es inversión, que bajen el alto costo de la vida, que metan presos a los que están robando y que metan a la GNB en las comunidades para que desarticulen a los armados”.

A propósito de esta convocatoria a Maduro, no solo este dirigente sindical lo convoca, también lo hace la diputada al Parlatino, ex ministro del gobierno de Chávez y prominente dirigente del PSUV -todavía-, Ana Elisa Osorio.

Ella le habló a Maduro a través de su cuenta en Twitter: “Presidente Maduro desmantele las mafias de Guayana, ustedes saben quienes están detrás de ellas y no son los trabajadores. ¡Chávez Vive!

La señora Osorio disparó hondo, este sí es un torpedo a la línea de flotación.

Pero sospechamos que Maduro no irá a Ciudad Guayana, en su lugar prefiere mandar las tanquetas cargadas de perdigones y lacrimógenas.

Recordarán que en el aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, aparte de felicitar las “heroicas acciones” de los guardias nacionales contra los estudiantes y manifestantes en los primeros meses del año, anunció que vendrían más tanquetas y más lacrimógenas y más perdigones.

Provea ayer destacaba: “El gobierno está sospechando, teme que vendrán más manifestaciones”. Con la pésima gestión gubernamental que están llevando adelante es obvio que esperan cada vez más indignación popular.

Y a más indignación popular, un gobierno de tan pocas opciones y con tan escaso talante democrático, sólo brindará más y más represión.

Por ello bien acota el Nuevo País que las fotografías que vienen de Sidor nos recuerdan, con las tanquetas blancas, los manifestantes y las humaredas, las fotografías de tantas ciudades del país en los primeros meses del año.

Ahora las victimas no son los estudiantes sino los obreros. La geografía ha cambiado un poco pero la represión es la misma.

¿Qué representan los gastos de la Presidencia de Venezuela en ropa y calzado?

Anabella Abadi M., Prodavinci

Según el diputado ante la Asamblea Nacional, Carlos Berrizbeitia, durante el primer semestre del 2014, el Despacho de la Presidencia gastó BsF 55 millones en gastos del presidente Nicolás Maduro.

De acuerdo con la información que ha hecho pública el diputado Berrizbeitia, los gastos se distribuyen de la siguiente manera:

¿Cuánto dinero representan estas cantidades, en términos de Salarios Mínimos y Canastas Alimentarias (según datos del INE)?

El Presidente Maduro gasta un promedio de 2.156 Salarios Mínimos por mes en gastos personales. Eso es equivalente al costo de 2.457 Canastas Alimentarias Básicas.

Es decir, en un mes el Presidente gastó el equivalente a lo que 179 trabajadores que devengan Salario Mínimo, ganarían en todo un año.

Segmentándolo:

— Sólo en ropa y calzado, el mandatario gastó 31 Salarios Mínimos por mes, lo que equivale a 35 Canastas Alimentarias Básicas.

— En servicio de lavandería, relaciones sociales, telefonía, viáticos y pasajes, el Presidente gastó un promedio de 1.032 Salarios Mínimos por mes. Es decir: el costo de 1.176 Canastas Alimentarias Básicas.

— Para noviembre de 2013, las ponderaciones previstas para el cálculo del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) indicaban que una persona destina, en promedio, un 4,94% de su ingreso a vestido y calzado.

Una persona que gana Salario Mínimo destinará, según este promedio, BsF 210 a la compra de vestido y calzado cada mes.

En el caso de estas cifras mostradas por el diputado Berrizbeitia, el presidente Nicolás Maduro dirigió BsF 131.135 a la compra de vestido y calzado por mes, en promedio.

Esto es 624 veces lo que puede gastar un trabajador que gana Salario Mínimo.

¿Qué se podría comprar con el dinero utilizado por el Presidente Maduro?

Según el Listado de Precios Justos de productos de una marca del mercado local, los calzados de hombre más costosos son el modelo Orinoco Men 4-13, con un precio de BsF 1.677.

Con los BsF 14.167 millones que el Presidente Maduro gastó en calzado en un mes pudo haber comprado 8 pares de estos zapatos. Además, en la misma lista, el conjunto de “Chaqueta/Pantalon Rs21” cuesta BsF 1.808, siendo el más costoso.

Con los BsF 116.958 millones que el Presidente Maduro gastó en ropa en un mes, pudo haber comprado 64 de estos conjuntos.

¿Qué dice sobre esto la Ley de Presupuesto 2014?

En la Ley de Presupuesto 2014, el Despacho de la Presidencia incluía, entre sus gastos ordinarios, BsF 1.402.948 para “Prendas de vestir” y BsF 170.000 para “Calzado”.

En este sentido, los gastos ejecutados en ropa y calzado y atribuidos al Presidente sólo durante el primer semestre de 2014 equivalen a exactamente 50% de todo lo presupuestado.

No queda claro cuánto se gastó en ropa y calzado para los demás miembros del equipo del Despacho de la Presidencia.

Además, esos BsF 55 millones dirigidos a gastos personales del Presidente durante el primer semestre de 2014:

— Superan los BsF 49,91 millones presupuestados para el Sector Productivo de Minas para todo el año 2014.

— Equivale al 15,5% de lo presupuestado (BsF 355,95 millones) para el Sector Productivo de Petróleo y Petroquímica para todo el año 2014.

— Equivale al 12,9% de lo presupuestado (BsF 426,43 millones) para el área de Turismo y Recreación para todo el 2014.

— Es igual al 28,9% del presupuesto de la Defensoría del Pueblo para todo 2014.

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Anabella Abadi M. es economista egresada de la UCAB y Especialista en Gobierno y Gestión Pública Territoriales (PUJ, 2011). Profesora en la UCAB, y Analista de la Unidad de Investigación y Análisis de ODH Grupo Consultor.

Diseño gráfico: Sala de Información.

Gráficas vía web.

El ocaso de Sidor

Han pasado seis años de la reestatización de la Siderúrgica del Orinoco, Sidor, propuesta impuesta por la acción “revolucionaria y socialista” de ex presidente Hugo Chávez. La consecuencia no ha sido otra más que la caída en picada de su producción. Con puntos rojos, ha perdido el 77% de su capacidad demostrada. A continuación, el porqué de la ruina

Damián Prat, Revista Clímax

En medio del abandono de inversiones, del mantenimiento menor, de la aguda escasez de repuestos e insumos para la industria pesada, luego de los seis años de estatismo o “socialismo”, tal como quiso venderlo Hugo Chávez, Sidor cerró, en el primer semestre de este 2014, con la misma cantidad de acero líquido que producía en 42 días —otrora, en sus tiempos normales.

La noche del lunes 30 de junio, justo al completarse la mitad del año, el reporte automático del SIPCA —Sistema Integral de Producción Comercialización y Administración—, arrojó un resultado: “se han producido 491 mil toneladas de acero en los primeros 181 días de 2014”.

El sistema control SIPCA es uno de tipo computarizado. Fue instalado por Ternium, trasnacional de origen argentino, que ganó la licitación en 1997 y que timoneó Sidor hasta los primeros meses de 2008. El programa computa y maneja todo el proceso de producción y comercialización desde el momento que un cliente hace un pedido hasta el despacho final, incluyendo todas las fases de producción con las especificaciones técnicas.

Pero ¿qué arroja esa cifra? ¿Cuál es la lectura que subyace en ese número?

Las 491 mil toneladas era la producción promedio que Sidor lograba cada 42 días en 2005, 2006 y 2007 —antes del cambio propugnado por el comandante de boina roja, hoy fallecido. Incluso, en los últimos 40 años, incluyendo los tiempos del plan de ampliación, a finales de los 70 del siglo pasado, llamado Plan IV, cuando ocurrió la instalación de acerías eléctricas modernas, la producción de un semestre no era tan baja.

En la gerencia “revolucionaria”, la siderúrgica apenas produce el 23% de lo que solía registrar. Esto es una drástica caída de 77%, ya que en épocas de alta productividad el promedio semestral era de 2 millones 150 mil toneladas y el anual de 4 millones 300 mil.

En 2007, último que funcionó la administración de Ternium, la industria tuvo un promedio mensual de 368 mil toneladas de acero líquido, de modo que alcanzaba las 491 mil toneladas cada 42 días en promedio.

Visto desde otro ángulo, el gobierno a través del Ministerio de Industrias y de la Corporación Venezolana de Guayana, CVG, junto a la jefatura de la empresa, se trazaron como meta —de acuerdo al Plan anual 2014— la modesta cifra de 2 millones 400 mil toneladas, muy por debajo de su capacidad demostrada. Sin embargo, por encima de los resultados de 2012, que fue 1 millón 722 mil toneladas y 2013, 1 millón 550 mil.

Si para el segundo semestre no se toman medidas muy enérgicas de inversión, compra de insumos y repuestos, reparación de equipos, Sidor podría cerrar 2014 con menos de un millón de toneladas de acero producido —el mayor desastre desde que la empresa fuera fundada en los albores de los 60 del XX.

En las entrañas de Sidor

La madrugada del 8 de abril de 2008, el coronel Ramón Carrizales, a la sazón vicepresidente de la República, anunció, en medio de una reunión de mediación con Ternium-Sidor y Sutiss, por el conflicto laboral, la decisión del gobierno nacional, o más bien resolución de Hugo Chávez, de reestatizar la siderúrgica.

El anuncio se concretó con un decreto tres semanas más tarde y después, en noviembre de ese mismo año, se ratificó en un convenio de compra por 1.970 millones de dólares más intereses a ser pagados en cuotas durante dos años.

Desde entonces, comenzó el declive productivo. Partiendo de los 4.3 millones de toneladas de 2007, en 2009, fueron 3.1 millones; en 2010, 2.4 millones; en 2011, 2.1 millones; en 2012, 1.7 millones y 1.5 millones en 2013. Estos guarismos forman parte de los Informes Anuales de Sidor, que son presentados por Ministerio de Industrias Básicas a la Asamblea Nacional.

En la primera mitad de 2014, no se llega ni a 500 mil toneladas, de modo que el resultado en diciembre de 2014 será peor que en 2013 y muy probablemente alrededor de tan solo 1 millón de toneladas de acero líquido.

En lo que va de año, las acerías han estado totalmente inactivas en al menos tres meses, pero en realidad la cuenta es mayor. Durante 12 días, del 3 al 14 de marzo, todos los hornos se paralizaron por falta de cal —agregado indispensable en la fabricación del acero.

Al detenerse la producción en las acerías, se paraliza el resto de las plantas. “Por ejemplo: máquinas de colada y laminadores, que le siguen en la cadena productiva. No había cal porque las deudas con los proveedores nacionales e internacionales eran tan hondas que suspendieron los suministros”, suscribe Carlos Ramírez, un empleado con 28 años de servicio y delegado de prevención y seguridad en la gerencia de Acerías.

Las deudas extremas con proveedores se repiten en todas las áreas. Es casi una constante de fabricación. Del 10 al 20 de junio tampoco hubo producción en ninguna acería debido a que los Pot-carriers se quedaron sin cauchos de repuestos. Estos últimos son los vehículos especiales de carga que retiran la escoria de los hornos.

El almacén estaba vacío, como en general ocurre con casi todos los insumos y repuestos. Casi todas las semanas hay ausencia absoluta de “nariceras” indispensables para el trabajo en algunas áreas como el mantenimiento de techos, especialmente porque los filtros industriales tienen al menos un lustro dañado.

“A inicios de junio, los trabajadores residentes en Ciudad Bolívar estuvimos más de una semana sin acudir al trabajo porque los autobuses del transporte de personal estaban estacionados. No encendían”, vuelve Carlos Ramírez. “Y uno de los dos grandes hornos de fusión de la acería de Palanquillas tiene un año paralizado debido al daño que sufrió un transformador que no ha podido ser reparado por falta de repuestos”, remata.

El horno 2, uno de los cuatro grandes en la acería de Planchones, fue “deshuesado” o “canibalizado” para sacarle piezas para reparar otros. Allí mismo, el horno 5 tiene semanas colapsado por falta de mantenimiento debido al “tapón” de material hierro de reducción directa, HRD.

En Palanquillas, por su parte, no hay suficiente material refractario para los distribuidores que llevan el acero hacia la máquina de colada continua —de donde luego van al laminador para fabricar cabillas y alambrón. Tampoco hay dolomita, agregado necesario, ni “tapones porosos” para los hornos “de cucharón”.

En Planchones hay tres máquinas de colada continua pero una fue “canibalizada” para mantener activas las otras dos. En Palanquillas solo trabaja una de dos máquinas de colada porque la otra tiene 17 meses paralizada por falta de rodamientos. Esto sin el “pare de contar” de casos en los laminadores en frío y el caliente así como en las distintas plantas que componen la arruinada Siderúrgica del Orinoco.

Otro caso importante a resaltar es el desmedro y menoscabo del laminador de hojalata, producto estrella de Sidor, por ser su mejor fuente de ingresos. “Trabaja de forma intermitente porque en la línea de estañado electrolítico de ‘Laminación en frío’, perteneciente a la gerencia de productos planos, siempre falta el estaño que se trae de Bolivia, cuyo gobierno no lo regala y no admite el pago en Sucres, la moneda virtual de los países del Alba, sino en dólares”, explica José Luís Alcocer, técnico mecánico y economista, con 30 año en la empresa, directivo de la seccional Ciudad Bolívar de Sutiss.

Durante todo el mes de junio no se pudo producir hojalata y entrando julio siguió problema. Mientras la estatal venezolana no se ponga al día con tantas deudas, no hay estaño. Ya en un plano “macro”, Sidor ha tenido seis presidentes en 5 años y solo uno conocía de la industria. En el último año y medio van tres presidentes-generales.

Tiene al menos tres sin junta directiva que se reúna y tome decisiones. En 2011, Chávez nombró una con seis ministros, ninguno jamás pisó planta. Nunca hicieron una reunión.

El único presidente que era sidorista (2011-2012) tuvo 18 meses en las oficinas presidenciales del piso siete del viejo edificio administrativo pero sin tener “firma autorizada”, de modo que hasta para contratar a una empresa de mantenimiento debía enviar un informe al MIBAM —Ministerio de Industrias Básicas— que debía comunicar decisiones o peticiones al despacho de Chávez en Miraflores para esperar autorización o asignación de recursos.

Sidor, en 2007, arrojó ganancias de 704 millones de dólares, 20% de los cuales fueron al Estado y otro 20% a los ex trabajadores y activos Accionistas B. En 2012, las pérdidas fueron 961 millones de dólares.

“La violación de los derechos laborales es otro denominador común. El contrato colectivo tiene cinco años vencidos. Viola las normativas legales”, advierte Jorge Machuca, abogado y trabajador de laminación en caliente.

Al grave rezago salarial que conduce a un retroceso en el nivel de vida familiar, se une la pérdida de beneficios socio-económicos que no se cumplen. Todo lo cual ha causado protestas, paros y hasta huelgas como las de octubre 2013 y febrero 2014.

Maravilla de ayer

Sidor es una enorme siderúrgica integrada que produce acero pero también productos semiterminados como planchones, laminados y alambrón —así como productos finales como cabillas y hojalata. Fue un proyecto para el desarrollo nacional ya que permitía utilizar una parte importante de la producción del país de hierro para transformarlo y darle valor agregado, generando riqueza nacional y empleo.

No pocos venezolanos piensan que su drama de ruina y destrucción actual es lamentable pero ajeno a ellos, sin reparar en que, por ejemplo, todas las construcciones de los últimos 50 años en toda Venezuela, tales como obras de infraestructura, viviendas, hospitales, escuelas, universidades, espacios deportivos y culturales, estructuras industriales, centros comerciales y muchos más, fueron hechos con cabillas y estructuras metálicas del acero sidorista.

Al menos un centenar de empresas metalmecánicas, industrias automotrices, de electrodomésticos y envasados, y muchas más, elaboran sus productos tras comprar acero en distintas formas a Sidor. Cientos de miles de empleos productivos en todo el país dependen de ella… por producción directa o por dependencia y el costo de importar acero.

Sidor, es la segunda empresa más grande de Venezuela después de Petróleos de Venezuela PDVSA y su ruina actual impacta negativamente a toda la nación. En 2012, por ejemplo, Venezuela importó de China 520 mil toneladas de productos semiterminados y finales de acero… que antes se producían en Sidor.

El desastroso manejo de la reestatización desde 2008 es una grave pérdida de soberanía y un profundo golpe económico que se asemeja a las situaciones con industrias de cemento, aluminio, manufacturas y agro.

Fotos: Damián Prat Jr.

Venezuela, el país del “no hay”

Noel Álvarez

No hay medicamentos, insumos, baterías, lubricantes, repuestos para vehículos, carne, leche, productos de aseo personal, pasajes aéreos, luz y para usted de contar.

Venezuela se ha convertido en el país del no hay.

Cada día se agudiza más la escasez, mientras el gobierno no asume la realidad sino que permanentemente niega la crisis.

Me cuenta una vendedora de empanadas que fue al Bicentenario de Plaza Venezuela a las 3:00 de la mañana para hacer la cola y no consiguió carne.

Otra amiga que iba a ser operada en un hospital público, tuvo que gastar 25 mil bolívares en insumos y medicamentos por lo que quedó endeudada debido a que apenas gana salario mínimo.

Muy grave lo que sucede con las medicinas, los pacientes van de farmacia en farmacia para conseguir fármacos de los que depende su vida, no los hallan y cuando hay les venden a veces menos de lo que necesitan.

No hay fármacos para hipertensos, personas que sufren trastornos neurológicos, enfermedades renales, psicotrópicos, anticonvulsionantes, para pacientes con cáncer, hasta escasea la solución fisiológica, por solo mencionar algunos.

El gobierno desmiente las denuncias mientras, hay que decirlo, muchos han muerto y otros viven aterrados ante la posibilidad de fallecer o de agravarse. También hay dificultad para conseguir los insumos para hacer pesquisa de cáncer.

Me comentó un especialista en mastología que hallar agujas para hacer biopsias mamarias -material fundamental para detectar el cáncer de mamas- se ha convertido en un imposible.

 Y así leemos en las redes sociales, alertas por parte de médicos y pacientes desesperados solicitando ayuda.

El gobierno no garantiza el acceso a la salud a los venezolanos, bastaría con que leyeran el Twitter o Facebook, para darse cuenta de la angustia, la desesperación de miles de venezolanos.

En el país del no hay, la gente pasa horas y horas haciendo cola para poder comprar lo que consiga al precio que sea, con los bolsillos devorados por la alta inflación.

No hay voluntad política, no hay seriedad, no hay responsabilidad por parte del gobierno, lo que sobra es el caradurismo, la mentira.

En el país del no hay, lo que debería escasear pero hay de sobra: balas, asesinatos, secuestro, impunidad, injusticia, ineficiencia, corrupción.

Lamentablemente esta es la realidad, sin que tengamos esperanza de mejorar.

Los anuncios de nuevas medidas económicas no garantizan un viraje, sino continuar el mismo modelo que nos ha conducido a la bancarrota, mientras los problemas que hemos enunciado siguen y seguirán hasta que las autoridades no asuman la realidad, lo que parece una posibilidad remota.

SIDOR: esto es un secreto que todos sabemos

Yuri Valecillo, Aporrea

En el mundo sindical, mejor dicho submundo, hay temas tabú que nadie quiere hablar.

El punto de los TERCERIZADOS Y COMISIÓN DE SERVICIOS, nadie quiere hablar.

En estos tiempos de conflictos laborales en SIDOR por la discusión de la contratación colectiva, la discusión actual trancada en doce clausulas con incidencias económicas, el tema de SIDOR ha sido maltratado por el gobierno nacional, esta es una realidad, no se puede ocultar las cosas que acontecen en esa empresa.

Un tema que los sindicalistas y el gobierno nacional no quieren asumir ni hacerse responsables.

La responsabilidad de dirigir, gerenciar y generar ganancias, es del estado venezolano; pero no se puede hacer la crítica cuando te has planteado que SIDOR es una empresa de producción social, que debe ser de todos y las empresas de producción social las definen así:

Las EPS son la semilla de un nuevo tipo de desarrollo, constituyen un germen para la transición socialista en la Venezuela bolivariana y revolucionaria.

Esta transición está signada por el protagonismo participativo de los trabajadores en la gestión de tales empresas de producción o servicio asociadas a diversos medios de producción, así como la relación obligatoria entre las empresas y el entorno social en el que se desarrollan.

Si la riqueza es social, si sólo es disfrutable porque participan en ella todos los miembros de una sociedad (desde el que pesca el pez al que lo cocina, pasando por el que lo transporta, llena el tanque de gasolina, prende las luces, lava los platos, suministra el gas, cubre el servicio de agua, cuida de la seguridad, etc., etc., etc.), el disfrute de las ventajas de vivir en sociedad debe estar también repartido.

Las EPS son empresas repartidoras de bienestar social. No interesan las ganancias, estamos generando empleo. “Entren que caben miles”.

Tal Vez Diosdado Cabello dijo algunas verdades, pero no asumió su responsabilidad como partícipe de la crisis creada en la empresa después del 2008.

Al no tener claridad de la dirección y gerencia de una empresa de esta magnitud, el gobierno nacional se fue enredando en su discurso y con los tercerizados hubo demagogia, negocios, cálculos electorales e irresponsabilidad.

Creemos que si hay gobierno nacional sensato y responsable, debe abrir una investigación por el manejo y conducción del ingreso de los tercerizados en SIDOR, que expliquen cuál fue el criterio para ingresar en la nómina de SIDOR, esas enorme cantidad de trabajadores que no tenían el perfil, porque la mayoría no trabajaban en SIDOR y otros eran trabajadores eventuales, el número de trabajadores que se manejan que eran fijos y permanentes en las contratas que realizaban mantenimiento en SIDOR, era un registro de aproximadamente 2 mil trabajadores .

Pero ingresaron casi 8 mil trabajadores y aún esperan decenas de los llamados tercerizados para su ingreso a SIDOR; porque los trabajadores tercerizados que hacían trabajos de limpieza al sentirse sidoristas, se negaron a continuar realizado la limpieza.

Otro grave error, irresponsabilidad y falta de mística y sentido de pertenencia de los militares encargados de la alta gerencia y los presidentes de SIDOR, es permitir el ingreso de trabajadores que hacían portón en los sindicatos de la construcción. Y pregunto ¿acaso es verdad que se compraron su ingreso por 20 mil bolívares, personas de las comunidades, recomendados por el PSUV, que no sabían ningún oficio relacionado con la industria siderúrgica?

Pero lo más grave de todo es que se señala y se comenta, que los dirigentes del PSUV, los dirigentes sindicales de SUTISS y el gobierno nacional, permitieron la entrada de más de 3 mil personas a la nómina de SIDOR que ya tenían la edad para ser pensionados por el IVSS o ser jubilables por el plan de SIDOR, igualmente ingresaron a nómina personas enfermas que ahora son aptos condicionados o enfermos ocupacionales.

Se deben reconocer los errores, porque es muy fácil achacarlos a otros y no reconocer que tú no hiciste nada por negligencia, desidia e irresponsabilidad. Es decir, ¿si existen las mafias sindicales, los capos están en los que han dirigido a SIDOR, CVG y gobierno nacional?

Los trabajadores siderúrgicos se preguntan ¿quién ha dirigido la gerencia de Talento Humano en SIDOR, que ante esa avalancha de ingresos no clasificó los perfiles de cada uno de ellos y con un inventario podía determinar qué vacantes y cargos, además hacer planes de capacitación y formación en diferentes especialidades de las profesiones y oficios necesarios para iniciar cursos de formación y motivación, para que estas personas tengan la mística, el sentido de pertenencia de los sidoristas, además de desarrollar especialistas para cubrir mis necesidades en planta?

Ahora el escenario es al parecer que en SIDOR trabajan 6 mil personas para mantener a 8 mil que no trabajan.

Porque lo ideal para los sidoristas es que ese grupo de tercerizados de 2 mil trabajadores, con experiencia en los trabajos de mantenimientos y operativos de la empresa, se formaran en una gerencia y la creación de grupos por especialidades y conocimientos de las plantas; y cuando se programaran los mantenimientos de las plantas, ellos realizaran estos trabajos bajo la dirección del personal de SIDOR y empresas contratistas, no permitiendo que las contratista llegaran a realizar las labores con 200 ó 300 trabajadores nuevos, que después de tres meses o más se declararan tercerizados y exigieran el ingreso a la nómina de SIDOR, porque esto se está convirtiendo en un eterno ciclo, que ojalá finalice el próximo año cuando quede prohibida la tercerización según lo establecido en la Ley del Trabajo.

Pero los tercerizados al entrar en nómina, se niegan a trabajar y amenazan a los supervisores con sus pistolas; y los jefes por proteger su vida y la de sus familias, le permiten estos desmanes.

Otro abultamiento de la nómina que el compatriota Diosdado Cabello no menciona, tal vez por desconocimiento, aunque él formó parte de la junta directiva de la empresa por más de dos años, es por las llamadas milicias.

¿Será cierto que hay más de mil milicianos quienes antes realizaban limpieza y fungían de vigilantes de las instalaciones y ahora no hacen nada, casi nada, porque cuando es requerida su asistencia a los actos partidistas son conducidos en autobuses a los sitios de los eventos?

Ese es el mismo problema de las comisiones de servicios que son integradas por milicianos, militantes del PSUV, corrientes sindicales, aptos condicionados, etc.

A este problema hay que buscarle solución, porque esta nómina de 14 mil trabajadores es pagadas por la renta petrolera y no puede ser que con el trabajo de 6 mil trabajadores, que laboran por turnos, cobran 8 mil más que están cómodamente en su casa en comisión se servicios.

Este problema es responsabilidad de la dirigencia sindical y el gobierno nacional, que jamás le han buscado solución a este acto de corruptela.

La prensa regional -y los trabajadores de SIDOR lo comentan- refleja la situación de inseguridad en la empresa, porque ingresaron personas con problemas de conducta y prontuarios policiales.

Hay robos en los cajeros automáticos; el año pasado, un grupo armado con pistolas en el departamento de deportes se robaron los uniformes de los juegos Interempresas de Guayana, los robos de cables para extraer el cobre, el presunto consumo y venta de drogas, bandas que roban carros y los llevan a enfriar en los estacionamientos de la empresa, se presume que están vinculados a una de las corrientes sindicales que hacen vida en SIDOR.

No es de extrañar que esto sea cierto, porque hace más de un mes en Caracas, saliendo de Palacio de Miraflores, donde discutían el contrato colectivo, asesinaron al Gordo Bayon quien, según dicen con un amplio prontuario, tenía prohibición de salida del estado Bolívar y nexos con el gobierno nacional que le permitían andar libre y discutiendo contrato colectivo, porque estaba en la nómina de SIDOR y fue unos de los “lideres” de los tercerizados.

Viví en la conocida zona del hierro muchos años. Tengo amigos con los que hablo, hombres que convivieron y lucharon al lado de Alfredo Maneiro.

Muchos de ellos han venido colaborando con este servidor, las batallas de los trabajadores son las mías y estoy seguro que las de ustedes compañeros Maduro y Cabello, no compañeros del PSUV y sí de ruta.

A esa historia me debo. Lo demás es silencio.

La historia de esos días -entre hambre, renuncias y esperanzas- construía desde las catacumbas una honrada experiencia sindical que se la dejo a otros; quizás a Clemente Scotto, Juan Linares, Carlos Yusti, Noris Cordero, etc. entre otros miles.

Caracas, la urgente

Leonardo Padrón, El Nacional

La ciudad de Caracas ha completado 447 larguísimas vueltas al sol transcurridas en una geografía portentosa.

No es difícil suponer los ojos aturdidos de Diego de Losada cuando, luego de una fatigante expedición desde El Tocuyo, se le reveló la monumental cordillera que dividía al mar Caribe del verdor de un valle irrepetible.

Fundar una ciudad en este espacio de guacamayas acuciantes y laderas nostálgicas era imperativo. Toda belleza incuba el apremio de una conquista. Hoy, los más recientes hijos del valle, estamos confundidos. No sabemos si celebrar o no.

Caracas es, en este año 2014, el resumen de nuestro fracaso como país.

Detrás de la liturgia de la fecha hay quejumbre, dolores que se abultan y un elenco de problemas que acribillan la música natural de las celebraciones.

Caracas cumple 447 años. Y no vamos a hablar de sus orígenes, porque sabemos que esta ciudad reniega de su pasado a martillazo limpio.

Hoy se nos impone la urgencia de su futuro. Y el presente, lacrado por el caos, es el primer mandamiento de ese futuro. Todos los caraqueños nos preguntamos por qué los tantos regentes que ha tenido esta ciudad no terminan de construirla.

Seguimos siendo, como lo decía Cabrujas, “un mientras tanto y por si acaso”.
No existe memoria para apiñar tantas promesas olvidadas,  proyectos inconclusos o gestiones deshonestas.

En su mientras tanto, Caracas sigue dispensándonos sus prodigios, esperando agónicamente por nosotros.

Me suelo ufanar diciendo que nací en Caracas, que me gradué en el Liceo Caracas y que soy militante de los Leones del Caracas. Proclamo con tres datos biográficos, sin duda irrelevantes, mi devoción por la ciudad donde ejerzo la vida.

Caracas es el lugar donde me he enamorado todas las veces, donde aprendí a jugar beisbol y lamer mis propias heridas, donde garabateé mi primer poema y asesinaron a mi mejor amigo. Es la ciudad donde me deslumbré con las páginas de Salvador Garmendia, Juan Sánchez Peláez y Rafael Cadenas.

La ciudad donde descubrí el sabor de las arepas en la madrugada. La ciudad que me permitió un amor juvenil en Lomas de Urdaneta y otro en El Cafetal, un amigo en La Vega y otro en el Alto Pinar, quinientos viajes en el autobús de la línea San Ruperto, una cantidad inapreciable de perros calientes en sus esquinas, una lista febril de conciertos en el Poliedro y, sobre todo, una ciudad donde entendí el significado de la palabra democracia. Ese ejercicio de libertad al que no pienso renunciar por más que los fanáticos de Lenin y Fidel se afanen en pulverizarla.

Es la ciudad donde aprendí a ser peatón y estrellé mi primer vehículo. Aquí he sido tantas veces feliz que no conozco mejor escenografía para mis desánimos. Soy de esta vehemencia del asfalto donde los motorizados me observan con desprecio por el rasante hecho de poseer un carro.

Pertenezco a esta luz incrédula y magnífica que tanto persiguen fotógrafos y pintores. Correspondo a este desconcierto colosal donde conviven la calle del hambre, el afán de la moda, la Torre de David, las garzas del Guaire, los ejecutivos del petróleo, los travestis de la Libertador, la gastronomía de los Palos Grandes y el crack de las barriadas.

Soy aquel habitante de El Paraíso que caminó exhaustivamente la Avenida Baralt y los laberintos de Casalta descubriendo en sus esquinas a Ismael Rivera y a Héctor Lavoe, pero también a Oscar D’León con la Dimensión Latina y al Sonero Clásico del Caribe. El mismo que descubrió los gritos de jonrón en sus calles, cuando la primera base era el tronco de un árbol centenario y la tercera el faro de un Chevrolet del 68.

Hoy, esta generación no conoce los entresijos lúdicos de la calle. Sus avenidas se han convertido en zona de prisa y fuga. Hoy, mi sentido de pertenencia a esta ciudad ha sido vapuleado por sus gobernantes y malandros, a veces, escandalosamente mezclados en la misma cédula de identidad.

Esta es, sin duda, una ciudad cada vez más difícil de querer. Un malentendido que camina con largas zancadas hacia el abismo. Hoy mi ciudad es mi claustrofobia. Mi estridencia y mi dialecto íntimo.

Vivimos en una capital bombardeada por la virulencia política. Los ojos del Comandante Galáctico nos vigilan desde vallas y paredes mientras sus discípulos invaden terrenos y malversan bienes. La anarquía nos gobierna tras el hachazo que nos partió en miles de pedazos.

La inseguridad ha definido el biorritmo de la ciudad.

Somos inquilinos del miedo. Ya los amantes no se tardan a besos en el carro.

Es el amor exprés, consecuencia del secuestro exprés.

Ya ni se puede ser un diletante de la amistad en las esquinas.

Hoy la misión primaria de los caraqueños es pugnar con la cultura de la muerte. La ciudad nos ha empujado a las paredes de nuestro hogar.

Le robaron la noche, le expropiaron su bohemia. Los centros comerciales, plazas de la posmodernidad, tienen la respiración entrecortada.

El paisaje urbano por excelencia es la violencia. La muerte es la primera y última noticia del día. Boris Muñoz habla de “ese infinito hilo de sangre que ha hecho que Caracas también sea conocida como la capital de la crónica roja”.

Apunta la existencia de dos ciudades que “como hermanas enemigas, a veces logran ignorarse, pero nunca dejan de entrecruzarse”. Dos mitades que se repelen y complementan.

Somos cada vez menos gregarios y, por tanto, más solitarios. Menos ciudad y, por eso, más isla y guarida. Nuestra vigencia está severamente cuestionada por la escasez de agua en los grifos, luz eléctrica para trabajar o aceite de maíz para cocinar.

La Caracas del siglo XXI anda salpicada de estudiantes protestando en masa, madres en la orilla de la morgue, silicona en los glúteos de la vanidad y toneladas de reguetón en las esquinas.

Caracas es una herida en el costado. Unos ojos que destilan gas lacrimógeno. Un semáforo en eterna luz roja. Un buhonero que vende leche en polvo y balas perdidas.

Caracas, la del cielo que desata envidias. Basurero de las grandes ideas, pero también custodia de nuestras ambiciones. Caracas la chic y la chaborra. La risueña y la amarga. El valle bipolar que cantan Yordano, Masserati 2 litros y Mariaca Semprún. La nostalgia impoluta de Ilan Chester, Aldemaro Romero  y Billo Frómeta.

Alguien ha dicho que el principal lugar común de esta ciudad es la desconfianza. Y, ciertamente, el recelo esta empozado en nuestras miradas. Aprendimos a vernos de reojo.

Es muy fácil hacer una lista de razones para condenar a Caracas.

Nos ha entrenado para tratarla con ironía y hostilidad. Es tan cómodo devolverle los insultos que hemos aprendido a hacerle el odio. Vale la pena el ejercicio contrario: ensayar argumentos para quererla.

El desafío de sus ocupantes es reconciliarnos con sus virtudes y exigirle un destino más acorde con las pulsiones de toda metrópolis contemporánea. Olvidamos hacerle el amor.

Yo, por ejemplo, siempre he abonado mi entusiasmo a la leyenda de que en sus aceras deambulan las mujeres más hermosas del planeta. Sea verdad o exceso, me gusta creerlo y muchas veces siento constatarlo.

En esta ciudad es posible honrar la exigencia del paladar más mundano y puntilloso. Se puede exhibir la misma ligereza de vestuario tanto en febrero como en julio o noviembre. El clima de Caracas no es percance, sino bendición.

Su reina madre es la montaña, ese portento que llamamos Ávila. Nuestra postal invicta. La desembocadura de todas las miradas. El talismán que los viajeros se llevan en las maletas de la nostalgia. La brújula y el monumento mayor de la ciudad.

Caracas es una ensalada de gentilicios: los cubanos de ahora, los chinos recién llegados, los haitianos del carrito de helados, los colombianos de siempre, los españoles eternos, los italianos sin regreso. Una tierra de inmigrantes que hoy tuerce su cara para buscar una puerta de salida al exilio. Escribió el poeta Juan Calzadilla: “El que huye de la ciudad huye de sí”.

Caracas necesita más piropos así como más gerentes que sepan de urbanismo, de cultura callejera, de civilidad y sentido común. Caracas solicita coherencia a grandes dosis.

Yo anhelo una ciudad donde pueda volver a ser peatón en sus 25 kilómetros de longitud. Mis hijos no caminan su ciudad. Van de un lado a otro atrapados en la burbuja de un carro con aire acondicionado.

Ambiciono para ellos un asfalto donde puedan jugar caimaneras o manejar bicicleta sin el riesgo de terminar secuestrados. Que este cielo lujoso sea el techo de sus juegos, así como lo fue de los míos.

La ciudad posible necesita de nosotros. De nuestra apetencia por ella.

La ciudad posible ocurre, por ráfagas, en los mercados callejeros, en las ferias de libros, en los festivales de música y teatro, en las plazas iluminadas y otra vez verdes.

La ciudad posible debe tramar la convivencia entre conductores y motorizados. Donde el maltrato le ceda el paso al respeto. Necesita ciclistas y músicos ambulantes, cafés y restaurantes al aire libre. Una urbe donde se recupere el placer de la tertulia. Donde no se nos escape el sol en colas perpetuas para buscar comida o regresar al hogar. Donde la calle sea coctel y vorágine para el asombro y la maravilla.

Una ciudad, sobre todo, donde la vida le gane la batalla a la muerte.

Quiero la Caracas que se despliega en los folletos del entusiasmo turístico. Esa Caracas descrita por fabuladores y mitómanos. Esa Caracas siempre fotogénica y ávida de mejores caricias.

La ciudad posible nos espera en algún lugar del futuro y en la terquedad de los optimistas.

Merecemos que este pavimento de nuestro agobio vuelva a ser sucursal y cielo.

Toda ciudad es la suma de su gente y la impronta de su geografía. Por eso, en honor del carisma indestructible de Caracas, se impone  refundarnos.

Somos seis millones de personas que aspiramos a la concordia definitiva. Ese supremo acto de civilización que nos devuelva la posibilidad de vivir sin abismos en una de las ciudades más luminosas del Caribe.

Debemos exigir lo que merecemos ser: ciudadanos de la alegría y no de la furia. Caraqueños que recuperaron la risa y el apego.

Caracas, la ciudad bendita que alguna vez se nos perdió en la traición de sus propios habitantes.

Caracas, la posible. La urgente.