“El pran es el símbolo y estandarte de esta revolución”

Rubén De Mayo

“Puño, bofetón y palo, allá en la galera tres” es el estribillo de una muy conocida canción de Ismael Miranda, que se queda corta ante la violencia y la muerte en nuestras cárceles.

“Los pranes tienen gobierno autónomo en cada cárcel. Ellos deciden las reglas en un territorio hostil”

Nos asombramos por la masacre de El Rodeo y de Uribana, que no fue tal para el gobierno porque acusaron a un canal de televisión de magnificar la situación, como si la cantidad de muertos no fuese de por sí alarmante. Para el gobierno todo fue una burda exageración. Tanto que ni siquiera se planteó, por la matanza que hubo, que Tarek El Aissami renunciara a su cargo como Ministro de Relaciones Interiores y Justicia.

De “puño, bofetón y palo” tampoco nos enteramos: lo que había en El Rodeo era plomo de alto calibre y explosiones de granadas.

Y todos nos preguntábamos: ¿y esos reos de dónde sacarán el armamento de guerra?, mientras en medio del fuego cerrado una destemplada Cilia Flores acusaba a la oposición de fascista (por darle cobertura al suceso sangriento), siguiendo un viejo guión importado del fracasado régimen criminal de la Unión Soviética.

La mayoría se enteró, por esos días, que había unos sujetos llamados pranes que tenían gobierno autónomo dentro de cada cárcel.

Ellos decidían las reglas del juego en un territorio hostil, hace años olvidado por el Estado.

El pran tiene vocación de poder; su voz poderosa se escucha en toda la cárcel, los reos también necesitan su líder.

“Esos reos ¿de dónde sacarán el armamento de guerra?”

Durante los 15 años de revolución, el pran terminó de formarse como delincuente consumado; la miseria y la violencia fue la salsa en la cual se cocinó. Entre el populismo de las misiones y las interminables cadenas del gobierno, fue creciendo y desarrollando sus habilidades de Pedro Navaja.

No había muchas posibilidades para él en un ambiente de miseria, porque ese siempre será el principal caldo de cultivo de la violencia en nuestras calles: la pobreza extrema.

Al pran, hijo y bandera de esta locura violenta de país pobre, lo olvidó la revolución.

Él es resistente a las curitas y esparadrapos sociales de las misiones.

En su bajo mundo hamponil, el pran le recuerda al Gobierno su enorme fracaso e incapacidad.

El pran gobierna en su feudo como un monarca. El pran es un hombre que irrespeta la Constitución, él mismo es el Estado en la prisión; de equilibrio de poderes no sabe, él gobierna de forma autocrática, repartiendo el poder, como mendrugo, entre sus amigotes de armas.

¡Ah!, de armamentos conoce mucho también, le encantan; su revolución en la prisión está armada. Él es el padrino y padrote de la galera, sin tanto palabrerío y alharaca épica.

El pran es el símbolo y estandarte de esta revolución.

Diseño gráfico: Sala de Información.

“En el país hay una subcultura de malandros para quienes matar da prestigio y poder”

El psicólogo, director del Centro de Investigaciones Populares, teme que esos grupos de muchachos entren en conexión unos con otros y se conviertan en un poder. Asegura que no se puede intentar explicar la violencia criminal solo con el argumento de la pobreza y la exclusión

Vanessa Davies, Correo del Orinoco

Alejandro Moreno Olmedo, psicólogo, filósofo, teólogo y Doctor en Ciencias Sociales. Profesor de la UCAB y director del Centro de Investigaciones Populares en Caracas.

La discusión sobre la violencia criminal en Venezuela encuentra a Alejandro Moreno en su oficina y con sus armas en la mano, listas para ser desenfundadas.

Armas que no son pistolas ni subametralladoras, sino libros, ideas, estudios y razonamientos. Y en su oficina en Caracas, este psicólogo, filósofo y teólogo, fundador y director del Centro de Investigaciones Populares, dispara argumentos -en conversación con el Correo del Orinoco- que pueden ser tan duros como proyectiles y que tienen como blanco a la sociedad, el gobierno y el Estado.

“Los malandros tienen las armas que quieren, no tienen consecuencias negativas porque hay completa impunidad, tienen cómo moverse de un lado para otro. Tienen todas las facilidades”.

Moreno alerta que las bandas de muchachos de no más de 25 años de edad se han convertido en una subcultura de hombres dispuestos a matar porque matar es poder y es un acto placentero para ellos.

Aun cuando considera que se puede hablar de crímenes atroces, señala que el asesinato de la actriz Mónica Spear y de su esposo, Thomas Berry, que ha levantado una polvareda nacional e internacional, “no es de lo más atroces; más bien es casi común”, porque los delincuentes “interfieren el desplazamiento de un vehículo y disparan”. Eso “está sucediendo abundantemente”, y según sus estimaciones, se volvió cotidiano desde hace cuatro o cinco años; el año 2013 “ha sido muy abundante en esto, lo que me hace temer que 2014 puede ser peor”.

Su preocupación es evidente al analizar que “hemos entrado en una espiral de lo que yo llamo los crímenes sin suficiente motivación. Hay crímenes con motivación banal: le dieron un pisotón, sacó la pistola y disparó”.

“La pena de muerte es dañina para la sociedad”.

Es “una motivación banal y perversa, porque por supuesto que ninguna motivación es justa en este caso, pero hay los que no tienen motivación, y lo que estamos descubriendo es que disparan y matan por matar”.

Con base en su conocimiento, advierte que se está formando “un grupo humano, con su propio mundo de vida, al margen de la forma de vida y del mundo de vida de la sociedad”, ya que “desarrolla sus propios valores, desarrolla sus propia manera de entender la realidad y de reaccionar ante ella, de buscarse los bienes”. Maneras que están “completamente fuera de lo aceptado en la convivencia social de la gente”.

Moreno ya lo había enunciado en la investigación Y salimos a matar gente: “El delincuente estructural ha convertido la violencia en su forma de vida, en una forma de vida”. Pero en ese momento lo había analizado como un fenómeno de los sujetos: “No se nos había presentado todavía como un fenómeno grupal”.

Aclara que son “grupos de panas”, que tienen “cierta jerarquía de prestigio”. Y asegura que es una subcultura, entendida como “la manera que tiene un grupo humano de habérselas con la humanidad”. Un grupo se comunica con otro, “y tienen la misma forma de vivir la vida”.

“Nuestras cárceles son el mundo donde la violencia tiene su asiento, su difusión, su producción y su expansión”

Moreno precisa que estos delincuentes violentos no son enfermos ni tienen daño cerebral o psicológico de por sí, pero sí están en una subcultura y tienen libertad de decisión. Va aún más allá: Esas personas “saben lo que hacen, quieren lo que hacen y lo comparten todos.

Todos tienen el mismo punto de vista”. Por ahora, analiza, “son grupos aislados”, pero “en el futuro pueden conectarse y se pueden convertir en un poder”.

A fuego lento

El investigador sostiene que esa subcultura “se ha ido formando lentamente”, debido -entre otras razones- a la práctica de la violencia sin consecuencias “o con consecuencias banales”. Toma el ejemplo de la banda que asesinó a Spear y a su esposo: cuerpos de seguridad dijeron que la habían desintegrado varias veces, lo que Moreno critica porque “una banda se la desintegra una sola vez si eres policía y si eres el Estado”. El desorden “favorece que actúes libremente, jugando con los distintos desórdenes”, reprocha.

“Cuando un acontecimiento social como este se deja a su libre desarrollo, se desarrolla y se amplía”, advierte, “y va captando a otros. Por eso es peligrosísimo”.

Todo empieza por las prácticas: “atracas, en pequeños grupos o en conexión con otros compinches y no tiene consecuencias. Entonces te afirmas en lo que estás haciendo y te afirmas en la manera de entender y de pensar. Empiezas a pensar que las cosas son así, que hay una forma natural de hacer las cosas así; que es lícito, que es normal hacerlo”.

Así se forma “una mentalidad, una manera de ver que acaba por convertirse en una subcultura. ‘Yo soy así’. De unos años para acá han empezado a jactarse. Es más: pertenecer a esa cultura se convierte en un logro, se convierte en motivo de orgullo”. Ahora es, no una postura individual, sino una posición de grupo.

La vida humana merece, para la sociedad, un gran respeto. No así para los integrantes de esta subcultura. Ser malandro es “tener poder, y tener poder quiere decir tener todas las jevas que yo quiera, tener todo el dinero que yo quiera, tener el dominio de todos los que yo quiera”, describe. Los estudios de Moreno revelan que la gran motivación de estos delincuentes es imponer ser respetados. “¿Cómo ven la vida? La vida como poder”.

-¿Y cómo ven la vida del otro, a quien se la quitan?

-Si tienes poder, la vida del otro está sometida a tu poder. En sentir que tienes poder. Eso lo decía Alfredo, uno de los sujetos nuestros, y en los otros también se nota eso como gran motivación: el tener poder.

-¿Eso los lleva a matar?

-Claro. ¿Qué mayor poder que ser dueño de la vida y de la muerte de otro? A uno le cuesta mucho pensar que haya gente de esta manera, pero cuando se convierte en una manera común de entender, y compartida, pues parece normal. Y ni siquiera se plantean la pregunta.

-¿No hay conflicto ético?

“Hemos entrado en una espiral de crímenes sin suficiente motivación o con motivación banal: le dieron un pisotón, sacó la pistola y disparó”

-No. Quizá al principio. Uno de los sujetos con los que trabajamos nos dijo: “La primera noche, con el primero que yo maté, no dormí”. Pero más que conflicto ético, es miedo, por la superstición de que “me va a salir el muerto”.

Matar se convierte, para ellos, en algo normal. Moreno cuenta que en la carretera vieja Petare-Guarenas, en diciembre pasado, personas que esperaban el autobús fueron ametralladas. “Es matar a cualquiera, es matar por matar. Es tremendamente preocupante y se está convirtiendo en un valor en esa subcultura, porque da prestigio, porque da poder y produce placer”.

Las causas

El investigador es muy crítico de la actuación del gGobierno y del Estado para atender este fenómeno. Cita a uno de los muchachos que analizó en sus trabajos:

“Tenía 17 años (con cinco o seis asesinatos), cae preso con otro de 21 que tenía 13 muertos. A este lo llevan al Rodeo, a los tres meses sale. El muchacho de 17 años se escapa del centro juvenil donde estaba recluido y dice, tan tranquilo: ‘Seguimos matando gente”.

Hay, acusa, “una impunidad que viene de la justicia”, hasta el punto de que “los malandros han aprendido a tener un fondo de dinero para cuando caigan presos”.

Su experiencia con algunos cuerpos policiales cuando detienen a un malandro dista mucho de ser buena:

“A una persona le dan vuelta y vuelta hasta que pague. Los primeros que inventaron, a mi parecer, el secuestro exprés son los policías, con el ruleteo para que les paguen”.

“Se está formando un grupo humano, con su propio mundo, al margen de la sociedad”.

A su juicio, “en todos los gobiernos hubo lenidad y no hubo compromiso, pero en este gobierno no ha habido ninguno. En estos años ha sido desastroso, por unas razones supuestamente teóricas: Porque dicen que son víctimas de la sociedad, son pobrecitos, son del pueblo. Pero yo creo que hay que saber distinguir; no se puede analizar una realidad como esta con ligereza y sin una profundidad de análisis”. No se trata de tener “una ideología de catecismo”, resume.

-¿No son víctimas de la sociedad?

-También, pero eso es un factor más. Lo que hemos encontrado en nuestras investigaciones es que no tiene nada que ver la pobreza de origen con su conducta criminal, lo cual no quiere decir que la pobreza no sea un ambiente en el cual se pueden fomentar ciertas cosas, porque establece límites, cierra posibilidades; más que la pobreza personal, la pobreza ambiental. Pero no hay una relación directa, porque si no, todos los pobres serían malandros. Y desde el punto de vista ideológico, si tú eres de izquierda y estás diciendo que es por la pobreza, estás acusando a todos los pobres. La ideología ahí a veces juega al revés.

El modelaje

Moreno opina que también ha influido la relación entre Gobierno-oposición, especialmente “por las autoridades de mayor prestigio” que “han atacado de palabra, pero de una manera sumamente violenta, han mostrado públicamente la violencia” con palabras y gestos.

“Se esta formando un grupo que desarrolla sus propios valores, desarrolla sus propia manera de entender la realidad y de reaccionar ante ella, de buscarse los bienes”

“La psicología social nos ha enseñado muy bien que la mayoría de las conductas se aprenden por el modelaje” y que “las personas de mayor prestigio: un futbolista, un gran artista, un literato de importancia, un presidente, un gobernador, son las que tienen mayor probabilidad de que sus conductas sean reproducidas”.

Puntualiza, no obstante, que esta reproducción “nunca es exacta” ni una copia al carbón, sino el resultado de un procesamiento. “Si muestras que puedes agredir al otro sin ninguna consecuencia”, enseñas que “eso se puede hacer”. El modelaje “facilita la emisión de conductas, facilita el aprendizaje de conductas”.

-¿Y la violencia de la exclusión?

-Las masas, que no son dirigentes o élites de los países, siempre han estado excluidas, y en Venezuela han estado excluidas siempre, marginadas, pero no había habido esta violencia. La exclusión hay que eliminarla por justicia, por derechos humanos y por dignidad humana, pero si vas a verla como fuente, como ambiente donde se da la violencia, puede ser, pero no es así en todos los lugares. La India, por ejemplo, y el mismo Haití, son ejemplo de ello. No se puede decir que haya una relación directa; hay otros factores que son más determinantes.

Moreno recuerda que en los años 80 del siglo XX “teníamos la tasa de homicidios común, el promedio mundial”, pero ahora, según cifras oficiales, el país cerró 2013 con una tasa oficial de 39 homicidios por cada 100 mil habitantes.

-¿Hay un punto de inflexión?

-Los puntos de inflexión son los momentos de desorden social, político y ético.

Primer momento: 1989, con El Caracazo. Después de El Caracazo inmediatamente subió la tasa y se estabilizó.

Otro momento: 1992, dos intentos de golpe. Hay un desorden institucional en sentido general: institución militar, institución política. Sube la tasa y se queda.

Y luego, en 1998: ahí también hay un cambio completo, y sube.

El investigador habla, también, de la “imposibilidad de las instituciones”, y recalca que los jueces no tienen cómo atender tantos expedientes. “Es como una culebra que se muerde la cola, es un círculo vicioso”. Estima, además, que no hay una clara disposición del gobierno “de tomar medidas en serio”.

Es verdad, añade, que la violencia “implica a toda la sociedad”, pero “cada uno hace lo que puede. La iglesia hace lo que puede con educación”, pero hace falta “un Gobierno que establezca los controles”. A su juicio, los planes implementados han fracasado. “¿Y voy a creer yo en otro plan?”, se pregunta.

PROPUESTAS

-¿Qué haría usted ya?

-La base para esto es algo que no se quiere hacer: distribuir el poder. No a las comunas, que no son poder autónomo, ni los Consejos Comunales, que no son poder. Me refiero a poder de la comunidad, poder autónomo de la comunidad.

Asegura: “Si yo tengo una especie de alcalde en mi barrio, con nombramiento y participación de toda la comunidad, con conexión con el Estado y con apoyo del Estado” será una forma de prevenir.

Un barrio “es una trama de relaciones”; allí el malandro tiene una mujer, los primos, los hermanos, los amigos. Esos vínculos sirven, por un lado, para ocultar, lo que “favorece la impunidad del malandro”, pero por otro lado sirve para influir y cambiar su personalidad, o encontrar formas “de neutralizar su acción”.

La distribución del poder, argumenta, hace más manejable esa trama. Moreno cita los casos de Lima y de Bogotá, donde se crearon más municipios y “bajó la violencia”. Esa, aclara, “no es la solución total”, pero contribuye.

Igualmente incide la educación, que es eficaz como herramienta preventiva pero que hay personas a quienes no las cambiará. Se deben emprender acciones policiales, institucionales, pero “lo más importante sería la reforma completa de la justicia”.

¿Cómo desarticular la subcultura?

“Eso requiere tiempo, y ahí es donde entra la difusión de valores, pero valores no solamente enseñados, sino practicados”, con la muestra de lo que es la otra sociedad. El problema, acota, es que “la otra sociedad” debe ser apetecible para ellos. “Debe ser apetecible para desarticular esa otra microsociedad, para que no tenga éxito y se muera por sí misma”. Pero también se debe garantizar que esa subcultura no tenga acceso a armas ni a drogas. “Es un trabajo completo, pero no ejercido por los ciudadanos comunes y corrientes, sino por el Estado”.

El rol de los medios

El crimen Spear-Berry puso en el tapete de nuevo la relación entre delincuencia y medios de comunicación. Sobre este tema, Moreno subraya que “algo tiene que influir”, pero precisa que una película violenta es vista como una película por la población.

“Cuando procesas la violencia, no en el marco de la verdad, sino en el marco de la fantasía, se queda como fantasía en la mayoría de la gente. Cuando algunos tienen tendencias, les influye indudablemente. Uno sabe del malandro que ha ido a ver tres o cuatro veces la misma película para ver cómo se dispara”.

Como investigador, acota que se han hecho mucho estudios “y no se ha llegado a ninguna conclusión clara”, aun cuando “siempre hay una sospecha”.

No son tantos pero su “capacidad de muerte es asombrosa”

“Los malandros realmente activos en un barrio generalmente no pasan de 5 ó 6, 10 cuando mucho. En un barrio de 8 mil habitantes 10 personas no es mucho. Es que la gente se cree que nosotros en Venezuela tenemos infinidad de malandros. No es verdad. No son tantos los malandros.

Lo que pasa es que tienen una capacidad de muerte que es asombrosa. Tienen las armas que quieren, no tienen consecuencias negativas porque hay completa impunidad, tienen cómo moverse de un lado para otro. Tienen todas las facilidades.

El porcentaje de delincuentes asesinos que nosotros tenemos no pasa del porcentaje de potenciales delincuentes de este tipo que pueda haber en cualquier sociedad. Lo que pasa es que en esas sociedades están controlados”.

“La pena de muerte no resuelve nada”

Alejandro Moreno está en contra de la pena de muert,e pero sabe que esos vientos soplan fuerte en una parte de la sociedad venezolana.

“Desgraciadamente cuando suceden hechos como el de Mónica Spear y su esposo, si preguntas si hay que poner la pena de muerte, más de 50% de los venezolanos te va a responder que sí”.

-¿Por qué usted les diría que no?

-La muerte de alguien nunca será justa. Además, no es necesario, para evitar el daño que cause una persona, matarla. Las instituciones y las sociedades modernas pueden tener medios para controlarlos. Si la persona está convertida en un criminal que se formó como tal, eso requiere un control especial, que puede ser la cárcel pero realmente cárceles. Nuestras cárceles son el mundo donde la violencia tiene su asiento, su difusión, su producción y su expansión.

La pena de muerte, insiste, “es injusta, porque no hay derecho a matar a nadie, sobre todo cuando se lo puede controlar”. Además, “la pena de muerte no resuelve nada; de hecho, en los países donde hay pena de muerte no ha disminuido la violencia, ni el eliminar la pena de muerte la ha aumentado, de manera que la pena de muerte no es eficiente”.

Moreno enfatiza que, por el contrario, la pena de muerte “puede servir para algo muy malo”, que es “el descargar la venganza no solamente de aquellos que son víctimas sino de la sociedad misma. La sociedad aprende que vengarse es lo que tiene que hacer, que vengarse es lo bueno, y eso difunde más violencia en el ánimo de la gran población, de la gran masa. La pena de muerte es dañina para la sociedad”.

El investigador entiende que esa sea la reacción, pero remarca que la pena de muerte no es lo justo. Por el contrario, subraya que se necesita control por parte del Estado.

Fotografía: Avelino Rodrígues

Cubanos dirigen a paramilitares en Venezuela

Antonio María Delgado, El Nuevo Herald

Los grupos paramilitares chavistas, que han estado detrás de gran parte de la violencia registrada en las manifestaciones de Venezuela, están siendo coordinados por personal cubano enviado por La Habana para ayudar al régimen de Nicolás Maduro a superar lo que es visto como la mayor amenaza enfrentada por la revolución bolivariana en más de una década.

Ex agentes de Inteligencia de Venezuela y fuentes con acceso directo a oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, dijeron a El Nuevo Herald que Cuba juega un papel estelar en la represión emprendida por Maduro contra los manifestantes venezolanos, encargándose de operaciones que van desde la seguridad en los alrededores del palacio presidencial hasta la planificación de futuros arrestos de opositores.

Y en lo que ha tenido graves repercusiones en las jornadas de protesta contra Maduro, los cubanos son los que están planificando las operaciones de entre 600 y 1.000 hombres armados que conforman las bandas paramilitares chavistas, conocidas en Venezuela como colectivos.

“Ellos [los cubanos] son los que están coordinando a los colectivos”, dijo una de las fuentes que sostiene frecuentes contactos con personal militar venezolano y que habló bajo condición de anonimato.

“La mayor parte de la presencia militar cubana está en [el palacio presidencial de] Miraflores, y se ha incrementado con el correr de las manifestaciones. Este equipo no está en el Fuerte Tiuna [la principal instalación militar de Caracas], porque en el fuerte hay mucho rechazo”, agregó.

Portavoces del Departamento de Estado de Estados Unidos dijeron no estar en condiciones de confirmar o desmentir versiones sobre la participación de personal cubano en la represión de las manifestaciones en Venezuela.

Los colectivos han sido los responsables de buena parte de la sangre derramada durante las manifestaciones de protesta emprendidas contra Maduro, donde al menos 29 personas han perdido la vida, más de 400 han resultado heridas –muchas de ellas por armas de fuego– y más de 1,300 personas han sido arrestadas.

Según múltiples testimonios recogidos después de las manifestaciones, integrantes de los colectivos han disparado abiertamente contra los manifestantes bajo la mirada cómplice de agentes de la Guardia Nacional, y son quienes han provocado muchas de las muertes y de las heridas de bala registradas.

La fuente con acceso a los oficiales venezolanos dijo que el equipo cubano que opera desde el palacio presidencial está conformado por cerca de una veintena de oficiales y funcionarios de alto rango.

El equipo está sirviendo al régimen de Maduro como asesores, recomendando algunas de las operaciones de represión emprendidas por el régimen en los últimos días.

Pero también son los que están dirigiendo a los colectivos, dijo un ex funcionario de inteligencia de Venezuela que se mantiene en contacto con el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN).

“Los colectivos son todos coordinados por agentes cubanos y por gente que está vinculada con ese mundo de la izquierda”, dijo el ex funcionario quien pidió no ser identificado debido a que aún reside en Venezuela.

En este momento, las órdenes están siendo impartidas a través del Secretariado Revolucionario de Venezuela, cuya máxima cúpula es totalmente controlada por los funcionarios cubanos, explicó.

“El Secretariado Revolucionario, es una coordinadora grandísima que los agrupa a todos los colectivos que operan en el país”, dijo la fuente.

En Venezuela, actualmente operan más de 90 colectivos, conformados principalmente por delincuentes y guerrilleros urbanos.

El tamaño de estas agrupaciones varía, con algunas de ellas contando hasta un máximo de 60 integrantes y otras mucho más pequeñas están conformadas por solo cinco o diez personas.

Y se han convertido en el principal brazo ejecutor de la violencia selectiva orquestada contra los manifestantes, dijo la fuente.

“La cúpula del régimen desconfía de los militares venezolanos. La desconfianza de ellos es total. Ha habido insubordinaciones y conatos de rebeldía. Están muy preocupados por la posibilidad de que la situación se pueda salir de las manos”, explicó.

No obstante, la receta cubana para solventar la crisis implica un incremento de la represión.

Otro ex funcionario de inteligencia que reside en Miami, dijo que la estrategia implica la adopción de “medidas de envergadura” para incrementar el miedo entre la población y en particular entre los manifestantes.

Entre las mediadas contempladas está la posible detención de líderes clave de la oposición, incluyendo a la diputada María Corina Machado y compañeros de partido del dirigente opositor Leopoldo López, quien se encuentra actualmente en cautiverio.

“Buscan acciones para sembrar el miedo de la oposición. Están dispuesto a todo”, enfatizó la fuente.

La torre de David

Texto y fotos en ByN Alejandro Cegarra

Las apariencias

La torre de David es un rascacielos empotrado en el centro de Caracas, 195 metros de altura, 45 pisos, dos torres.

Su construcción empezó en 1990 y en 1994 -tras una fuerte crisis financiera y bancaria que azotó a Venezuela- la construcción se detuvo con un 60% de progreso; 13 años después su construcción volvió a empezar, solo que esta vez no fue para albergar oficinas si no inquilinos.

En el 2007 el enorme edificio fue invadido por alrededor de 2 mil familias de las que quedan unas 1.300 según el último censo hecho por los mismos habitantes.

La torre de 196 mts de altura alberga, alrededor de 1.300 familias; la residencia de las familias es obvia a simple vista, la fachada original ha sido retirada para darle paso a bloques y antenas de televisión satelital.

La torre da la sensación de ser el verdadero símbolo de una Caracas que quiso pero no pudo ser, es una pequeña Venezuela, es el verdadero ejemplo de lo que hoy por hoy somos como país.

Fotografía de Jorge Silva.

Los habitantes de la torre se definen como partidarios de gobierno, a pesar de que este no les da respuesta a su situación.

Cuando alguien te describe la Torre de David, te da a entender que es el infierno en la tierra; rumores y mitos van y vienen respecto a la fama de sus inquilinos, el efecto boca a boca de lo que ocurre en su interior es potenciado cuando se hace una simple búsqueda de internet y se lee lo que los medios reseñan cada tantos meses: asesinatos, secuestros y violaciones.

Un joven que se identificó como “sindicalista” de la torre.

Leí sobre que hombres armados cobraban vacuna y que se manejaban a los inquilinos con la ley de la cárcel; debo admitir que desistí varias veces de acercarme con la cámara, la torre inspira miedo.

“Aquí se vive rico varón”

Algunas familias se unen para ayudar al vecino a construir poco a poco su apartamento.

La torre es un lugar asombroso, tanto por lo que se suponía que debía ser y por lo que es ahora, muchos de sus habitantes se sienten orgullosos de llamar a la torre de David su “hogar”, se esfuerzan para mejorarla cada día, algunos la ven como su proyecto de vida y otros tan solo como vivir en un lugar prestado.

Los apartamentos que se encuentran en el centro de los pisos y carecen de ventanas, tienen que colgar la ropa mojada en la sala de sus apartamentos.

Existe un consenso y es el más contradictorio con la fama que se gasta la torre, no hubo un solo habitante que me dijera que la torre es un lugar inseguro si no todo lo contrario, me explicaron que el mayor beneficio de vivir en la torre actualmente es su seguridad, que los líderes comunales habían logrado expulsar a las personas de mala conducta.

La comunidad dentro de la torre, organizada por la cooperativa Caciques de Venezuela, tiene vigilancia la mayor parte del día en el estacionamiento, para evitar robos y que personas ajenas a la torre entren y salgan a sus anchas.

Asdrúbal me explica que vivía en Petare y que constantemente tenía que llamar a su esposa, para saber si los malandros de la zona estaban merodeando a ver a quién robaban. “Aquí uno puede llegar tranquilo a las 2 ó 3 de la mañana y sabes que no te va a pasar nada”. En ese momento estaba Daniel, conocido como el “Gnomo”; dándome palmadas en la espalda me dijo con una sonrisa que delataba que algo iba a decir: “Aquí, aquí se vive rico varón

Explorando la torre

Son realmente dos torres, la torre A la más alta y visible desde casi cualquier parte del valle de Caracas, y la torre B que con “tan solo” 16 pisos.

Yohana vive en el piso 16, es madre soltera y explica que vivir con niños en la torre es un desafío.

Ambas torres se conectan por otra pequeña de también 16 pisos que solo es una escalera y un pasillo hacia cada torre.

Fotografía de Jorge Silva

Está el estacionamiento que llega hasta el piso 10, en cada piso abrieron una pequeña puerta improvisada para poder acceder a los pasillos. Hay mototaxistas que por 40 bolos te llevan a cualquier nivel.

Fotografía de Jorge Silva

La economía tiene su sitio dentro de la torre

La torre es un pequeño microcosmos del que surgen vendedores informales, quienes usan las fachadas de sus viviendas como vitrina.

El estacionamiento es fuente perpetua de ingresos, mayormente son los autobuses los que entran y salen.

El estacionamiento sirve como taller para algunos habitantes de la torre, la mayoría de las grúas no logran pasar por los techos bajos.

La economía informal también dice presente; hasta el piso 23, hay varios apartamentos que sirven de pequeños abastos donde se venden desde huevos, pan canilla, harina, jamón endiablado, hasta jabón de baño y detergente.

Los precios varían dependiendo de qué tan alto se tengan que subir los insumos.

En el piso 20 está Jonathan, quien arregla computadoras pero también te puede tatuar o abrirte un piercing donde quieras por un precio módico, o en el 6 está la Señora Becky, una agradable mujer de avanzada edad que por las tardes de los fines de semana vende ropa y helados.

María trabaja en su taller de costura en su apartamento. Fotografía de Jorge Silva

En la torre de David hay ciertas reglas que cumplir, como el pago de un condominio y la limpieza de los pasillos una vez por semana.

La otra fuente de ingresos es el condominio: 150 Bsf al mes por cada vivienda, es lo exigido para el mantenimiento de los espacios públicos, el pago de la electricidad y demás gastos.

Ellos descansan al filo de la torre. Fotografía de Jorge Silva

En los primeros pisos está la iglesia, el barbero, los mototaxistas y la cancha multiusos.

Luego en los pisos inferiores, están mayormente habitados por familias que llegaron en la primera invasión o que tienen algún familiar de la tercera edad, también están personas enfermas que no pueden subir hasta los pisos más altos, o que por alguna emergencia necesiten ser evacuados rápidamente.

La torre A está habitada hasta el piso 28 y la B hasta el tope hasta el 16, cada piso tiene una puerta que restringe el acceso a vecinos de otros pisos, las escaleras son un lugar húmedo y con poca iluminación y en todo momento alguien sube o baja con bolsas de comida o materiales de construcción.

Adriana Gutiérrez y su hijo Carlos, ven televisión en su apartamento en el piso 24. Fotografía de Jorge Silva

Carolina vive en el último piso habitado, el 28. Quiere estudiar ingeniería para poder arreglar el edificio.

Deyvid, coordinador del piso 28, me explica que tuvieron que cerrar el acceso a los pisos superiores porque muchos estaban subiendo la basura en vez de bajarla para que el aseo la retirara.

Tras abrirme paso para poder subir, me dio un consejo algo obvio: “Cuidado con los voladeros”.

Una mujer mira hacia afuera en su tienda dentro de la Torre de David. Fotografía de Jorge Silva.

Lo más extraño que conseguí en mi pequeña travesía al helipuerto, fue un perro en el piso 44, tomaba agua de un pequeño charco y se disponía a tomar sol cuando me vio; por su emoción al verme, solo pude pensar que el perro llevaba ya un tiempo sin ver a alguien por esos lares y, efectivamente, llevaba 2 semanas extraviado puesto que su casa estaba en planta baja.

La torre de David está habitada hasta el piso 28. Los siguientes 18 pisos están totalmente abandonados, cada cierto tiempo algún perro se pierde en los pisos superiores. Este llevaba dos semanas extraviado.

Tras subir  los 46 pisos hasta el helipuerto, los últimos 2 acompañado de “Goofy”, el estar entre las ruinas de lo que pudo haber sido el gran centro financiero de Caracas y ahora convertido en un barrio vertical, te hace pensar sobre el rumbo y el futuro del país.

Una niña maneja bicicleta en la terraza del atrio principal de la torre B; los espacios a medio terminar, suponen un peligro para los nuevos inquilinos de la torre, quienes han colocado algunas barandas en los lugares más peligrosos.

“Cuando la ciudad no se adapta a sus habitantes, sus habitantes se adaptarán a ella”.

Fotografía de Jorge Silva.

Diseño gráfico: Sala de Información.

El chavismo opera como una secta destructiva

Gloria Bastidas

El psiquiatra Franzel Delgado Sénior es hijo de Kotepa Delgado, cofundador del Partido Comunista de Venezuela y preso político de Juan Vicente Gómez, y de Ana Sénior, pionera en la lucha por los derechos de la mujer.

–Usted, como psiquiatra, ¿qué percepción tiene de la Venezuela de hoy?

–Los venezolanos depositaron en Chávez su confianza para profundizar la democracia y él usó el poder que le dieron para instaurar una dictadura.

Chávez estafó a la nación. El país, por donde uno voltee a verlo, parece un carro escachapado. No hay lado sano.

– El presidente Chávez hechizó a las masas. ¿Cómo explica ese fenómeno?

–Hay tres claves.

Una es el dinero, que, científicamente, se considera un reforzador universal. ¿Y qué es un reforzador? Es todo lo que, recibiéndose como consecuencia de una conducta, tiende a hacer que ella se repita. Un ejemplo: pidámosle a un grupo de niños hacer una fila perfecta cada día y regalémosle sólo a los que cumplan la orden una barra de chocolate. Al poco tiempo, veremos conformarse una fila perfecta: todos esperan recibir el chocolate.

El dinero es el más poderoso reforzador universal, más que el sexo. Por eso el mantenimiento del apoyo al régimen y al líder se han basado, exitosamente, en la repartición de dinero. No es una locura: es una manipulación de la conducta muy intencionada y cuidadosamente concebida.

–¿Cuáles son las otras claves?

–La segunda clave es la esperanza. Eso es lo que explica que se mantenga la relación religiosa entre Chávez y sus seguidores.

Si hiciéramos una pirámide, en la cúspide estaría la gente más instruida y de mayor potencial económico y en la parte más ancha la gente menos formada y de menores posibilidades económicas. En los últimos años, la pirámide se viene vaciando de arriba hacia abajo y lo que queda es un fondo. Este gobierno no tiene intelectuales, no tiene profesionales. Le queda lo ancho de la pirámide.

Allí es donde juega la esperanza. Allí es donde la estafa surte efecto. ¿Por qué una persona que tiene 30 años jugando lotería y no ha ganado nunca, sigue jugando? El reforzador de la lotería es ganar dinero. No ha ganado nunca. ¿Por qué juega? Porque dice: `¡Yo sé de uno que sí ganó!’. El gobierno usa este recurso cuando aparece por televisión una persona a la que le dieron una casa.

–Pero ¿qué características tuvo el presidente Chávez para que su capacidad de infundir esperanza fuera tan perdurable?

–Una personalidad sociopática, y las personalidades de este tipo tienen una capacidad de manipular, de engañar y de estafar muy grande.

Hay otro elemento que puede explicar el poder que ha mantenido el gobierno y es que el chavismo opera como una secta destructiva.

Antes, las sectas sólo tenían una connotación religiosa, hoy no.

Pueden ser de mujeres, separatistas, políticas o de cualquier orden, siempre y cuando cumplan con los criterios universales que han establecido los académicos.

¿Qué es una secta destructiva? Leo: “Un grupo organizado que emerge en el seno de una sociedad con las intenciones de destruir las instituciones y valores y obligarles a asumir los de la secta”.

–¿Cuáles son las características de una secta destructiva?

–Primero: tienen una estructura piramidal.

Segundo: guardan una sumisión incondicional a un líder, a quien se le debe obediencia absoluta pues se considera predestinado a cumplir una misión que sólo él puede lograr y crea, al crecer la secta, una estructura dictatorial.

Tercero: hay anulación de la crítica interna y prohibición del pensamiento individual.

Cuarto: hay persecución de objetivos económicos enmascarados bajo una ideología destinada sólo a reforzar el poder del líder. En nuestro caso, la secta no tiene que producir dinero porque le entra por las peculiaridades del país.

Quinto: la manipulación de los adeptos para lograr los fines que persigue la secta.

Sexto: ausencia de control de una autoridad superior sobre la secta.

–¿Qué otros elementos?

–Séptimo: en las sectas destructivas se fabrican palabras, frases y consignas para descalificar a quienes no pertenecen a ella, que son considerados inferiores.

Octavo: hay uso de un color y vestimenta particular para identificarse y darse fortaleza de grupo.

Noveno: hay prohibición de abandonar la organización y quien lo hace es severamente penado. Entonces, quien pueda rebatir que el chavismo no se corresponde con estos nueve criterios, bienvenido sea.

Nosotros estamos mucho más allá de un fenómeno de un gobierno que hay que derrotar. No hemos tomado conciencia verdaderamente de lo que estamos enfrentando.

–¿Qué pasa si el jefe de la secta desaparece?

–La secta implosiona porque no tiene una estructura democrática. ¿Quién es el segundo de Chávez? Nadie.

“La tarjeta de abastecimiento es un mecanismo de racionamiento”

Econ. Ángel Alayón

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Nicolás Maduro lo anunció con un nombre rimbombante: “Tarjeta de abastecimiento seguro”. No habló de racionamiento: ‘no hay que nombrar lo malo’, recomiendan siempre los expertos en branding.

Pero la explicación del objetivo de la tarjeta reveló las consecuencias de su implantación: la tarjeta servirá “para acabar con especuladores y bachaqueros” a través de su uso por parte de los consumidores en las redes de distribución estatales.

Unamos los puntos: la tarjeta de abastecimiento seguro sólo puede contrarrestar a los especuladores y bachaqueros si y sólo si raciona las ventas; es decir, si y sólo si la tarjeta es un mecanismo que limita cuánto y qué pueden comprar los ciudadanos.

La lógica subyacente es la presunción (lógica, que ya han hecho pública) de que hay gente que compra productos en las redes de estatales de distribución para venderlos por fuera a un precio mayor o contrabandear. Por tanto, continúa el argumento, deben limitarse y controlarse las cantidades vendidas a los consumidores para combatir esas prácticas. Llámalo amor si quieres: bienvenidos al racionamiento del siglo XXI.

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El racionamiento es la consecuencia directa de la escasez. Una escasez que tuvo como causa temprana en este siglo XXI la implementación de los controles de precios en el año 2003 y que se ha agravado luego del colapso del modelo cambiario, afectando a prácticamente todos los sectores de la economía venezolana.

Las causas del problema no son los especuladores y los bachaqueros. Las causas del problema están en el modelo económico y sus políticas generadoras de escasez. Especuladores y bachaqueros son una consecuencia del modelo.

De hecho, se puede afirmar sin sudar mucho que la presencia y actuación de especuladores y bachaqueros son una característica ineludible del modelo. El racionamiento no funciona para solucionar las causas de la escasez: sólo la administra, sólo la distribuye.

El retroceso no es poco: de un país en el que se distribuía la renta petrolera, a un país en el que el gobierno se encarga de distribuir las ausencias.

Ya el racionamiento se había instalado en Venezuela antes de la “tarjeta de abastecimiento seguro”. En muchos establecimientos, privados o estatales, no te permiten llevar más de cierta cantidad de los productos escasos. Muchas veces el método de racionamiento es la cola, en la que los venezolanos pagan, además del precio en la caja, con su tiempo.

El que llega más temprano a la puerta del comercio es el que obtiene el producto. En algunos sitios marcan a las personas con números en los brazos para evitar desórdenes públicos. Es la búsqueda del orden frente al anaquel vacío.

La tarjeta de abastecimiento es la formalización de un mecanismo de racionamiento que es inevitable (y lamentable), cuando hay insuficientes productos para satisfacer las cantidades que desean los consumidores.

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El anuncio de la implementación de la “tarjeta de abastecimiento” es una pieza de información clave para entender qué espera el gobierno de la economía en el futuro cercano.

Formalizar un sistema de racionamiento sólo puede significar una cosa: el gobierno considera que el problema de la escasez no podrá resolverse en el corto plazo.

La formalización del racionamiento nos hace viajar en el tiempo a los viejos y conocidos resultados del llamado socialismo clásico del siglo XX: un kilo de arroz al mes en Polonia, 460 gramos de pollo en Cuba, medio kilo de harina de trigo en Rumania, 700 gramos de azúcar en Vietnam.

¿Es el racionamiento una característica del socialismo del siglo XXI?, ¿O el gobierno está dispuesto a girar el timón de la economía para combatir la escasez?

En Corea del Norte, las raciones de arroz se recortaron por primera vez en 1973. Quien recibía 700 gramos al mes empezó a recibir 607. En 1987, la ración cayó a 547gramos. El gobierno de Corea del Norte nunca ha llamado a estos recortes por su nombre. Estas disminuciones de las raciones de arroz han sido llamadas “donaciones voluntarias” al gobierno.

En tiempos de escasez, el hambre se convierte en la última de las ofrendas de los ciudadanos a un gobierno que no puede garantizar la disponibilidad de alimentos.

Se trata del hambre como tributo. De eufemismos también se muere.

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El hambre y los alimentos tienen una larga tradición como instrumentos del poder político. El racionamiento tiene un puesto destacado en esa larga historia de lamentos. Nunca se trata sólo de una respuesta burocrática contra la escasez.

Se trata también de un mecanismo subyugante, un mecanismo de dominación, un mecanismo que ha sido utilizado con eficacia para el control político. Unos kilos de comida que fingen apuntar hacia los estómagos, pero cuyo último destino es el alma ciudadana.

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La inflación es un problema superado en el mundo. La escasez ni siquiera se mide en países tan cercanos como Colombia o Brasil. La disponibilidad de bienes se da por descontado.

Los ciudadanos de esos países no se preocupan sobre conseguir los alimentos o las medicinas que necesitan cada vez que van al mercado o a la farmacia. Tampoco temen que alguien les diga que no pueden comprar las cantidades que quieran de lo que deseen.

¿Estaremos a tiempo, como país, de voltear a los lados y reconocer que no tenemos por qué descender más en el abismo que nos ofrece un modelo económico cuya característica emblemática es la escasez?

Este es el reportaje que censuró Últimas Noticias

El que sigue es el texto de Laura Weffer Cifuentes, periodista de la Unidad de Investigación de la Cadena Capriles, censurado por la dirección de Últimas Noticias, que iba a ser publicado el domingo 16 de marzo y que desembocó en la renuncia de la jefa de esta unidad, Tamoa Calzadilla.

LO QUE HAY DETRÁS DE LAS GUARIMBAS

* El Gobierno asegura que reciben financiamiento de organizaciones políticas, pero quienes participan en las barricadas lo niegan

* La plaza Altamira es el epicentro de los enfrentamientos en Caracas. Manifestantes y GNB coliden todos los días, hasta el cansancio

Laura Weffer Cifuentes
lweffer@cadena-capriles.com

La edad promedio de los jóvenes de la plaza Altamira se ubica entre 19 y 22 años, llevan capucha y aseguran que su lucha es por Venezuela.

La edad promedio de los funcionarios de la Guardia Nacional se encuentra entre 19 y 22 años, llevan uniforme y aseguran que su lucha es por Venezuela.

Ambos se enfrentan a piedra y lacrimógena en Caracas desde el pasado 12 de febrero, pero en sus mochilas llevan historias paralelas más allá de las trincheras.

Un día en la plaza Altamira revela que los manifestantes crean redes de protección; que pertenecen a la clase media y popular; también vienen del interior del país y están los sin casa, que solo van por comida gratis. El detonante de la jornada suele ser cuando los manifestantes gritan “¡Vamos pa’la autopista!”. Se refieren a la Francisco Fajardo.

La preparación

La actividad en la plaza Altamira comienza pasadas las 10 de la mañana. Desde temprano, quienes hacen vida allí se tapan el rostro. No les gustan las fotos, pues temen a la detención de los organismos del Estado.

“En estos días se llevaron a mi compañero. Nos cuidábamos mutuamente cuando las cosas se ponen feas allá abajo”.

Habla de Altamira Sur, escenario principal de los enfrentamientos. José es barquisimetano (25). “Estoy aquí desde el 15 de febrero por mi hijo. Tiene un año y no consigo ni pañales ni leche”. Vive de la solidaridad de los vecinos. Desde que llegó ha dormido en Los Ruices, Palo Verde y Caricuao. Sus amigos desde el exterior le escriben: “Na guará, qué fino que estás allá”. Él comenta: “Yo sí creo que estamos escribiendo una nueva historia”.

El 11 de marzo fueron detenidas 11 personas en un allanamiento en el estacionamiento de la plaza. Antes habían sido detenidas más de 150 en distintos operativos.

Los jóvenes aseguran que guardias y policías viven en la Torre Británica. El 12 de marzo grupos vandálicos desvalijaron 6 oficinas gubernamentales ubicadas allí. El domingo quemaron un quiosco de Metrobús.

“¿Días? Yo tengo semanas sin ir a mi casa. Estamos acuartelados desde que esta situación comenzó”, cuenta un oficial que no ofrece su nombre. Se toma el tiempo de explicar que su función es hacer respetar el libre tránsito y cita el artículo 50 de la Constitución, que se refiere a este derecho. Asegura que allí es el último lugar en el que quiere estar.

“No disfrutamos deteniendo a los manifestantes. Pero es lo que nos corresponde. Estamos dentro del marco de la ley”.

Las pancartas que despliegan los manifestantes también aluden a la Constitución (Art. 68): “Los ciudadanos tienen derecho a manifestar pacíficamente y sin armas”. Hasta que lanzan la primera piedra.

Solidaridad ajena

Es mediodía y los accesos a la Luis Roche y a la San Juan Bosco han sido bloqueados. En la primera de estas avenidas, los manifestantes colocan un carro en mitad de la calle. De un lado, queman un caucho cerca de unos “miguelitos” (cabuya amarrada con clavos).

Del otro queda un resquicio por el que puede pasar una moto. Varios lo intentan, pero Ronald se los impide acostándose de largo a largo en el asfalto. Tiene 17 años y se unió a las protestas desde el primer día.

“Quiero que mi mamá sepa que tengo más posibilidades de graduarme, que de que me maten”.

Confiesa que no es de la oposición ni del chavismo: “Soy venezolano”, dice, detrás de una máscara como la que usan los pintores de latonería. Un conductor se acerca a la barricada. No lo dejan pasar. Les grita insultos, en retribución.

Algunos llegan con bolsas de comida y medicamentos. Hay una logística de distribución. De repente, los jóvenes estallan en aplausos. Una camioneta se para justo antes de la barricada y de su interior bajan varias bolsas llenas de hojas secas.

El ministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres, denunció que algunos de los manifestantes detenidos en Altamira confesaron recibir Bs 5.000 semanales del partido Voluntad Popular. “¿Tú crees que si eso fuera verdad ya no me hubiese comprado una máscara antigás?”, interroga con el rostro lleno de Maalox (un antiácido eficaz para neutralizar el efecto de las lacrimógenas) José, (23). Luego saca su cartera. Tiene tres billetes de cinco: “Este es mi capital”.

El sueldo promedio de la tropa de la GNB es de Bs 6.000 mensuales, más cestatickets. Trabajan tres semanas seguidas y libran una, pero el presupuesto no les da para visitar a su familia en el interior del país. Sus acentos los delatan. Vienen de Maracaibo, Sucre y Aragua.

Activados

El momento de la verdad. A las 2:50 pm se oye un grito que se repite en eco. “¡Activémonos!”. Hay un grupo junto a la fuente que practica lanzamientos y atrapadas de bombas lacrimógenas. Entrenan con una pelota. En sus brazos tienen unos escudos hechos con pedazos de zinc, con unas siglas en azul: “Grie” (Guarimberos de Respuesta Inmediata Élite). Bajan en desbandada. Jóvenes con pasamontañas, máscaras de Guy Fawkes (conocida como de Anonymous), gente vestida de trabajo, estudiantes. Los que tienen spray con Maalox se ubican al lado de los “frenteadores”, en la línea de fuego.

Hay una rutina

Como si ensayaran, los manifestantes dan el primer paso y lanzan piedras y bombas caseras, para abrirse paso hacia la autopista. Algunos días los militares intentan disuadirlos con palabras; otros, apuran el final, que siempre es el mismo. Una lluvia de lacrimógenas provoca una neblina tóxica que dificulta la respiración; hace que ardan piel y ojos. Hay desmayados. Los primeros en la línea de fuego aplican el entrenamiento. Patean las bombas. A medida que los manifestantes se debilitan, los militares empujan hacia arriba. Pasan horas.

La oscuridad

Todas las noches los manifestantes trasladan sus protestas hasta la avenida San Ignacio de Loyola en Chacao. A veces la GNB actúa, otras no. A las 6:00 pm colocan sofás, colchones y hasta neveras viejas. La jefa de Gobierno del Distrito Capital, Jacqueline Faría, dijo que desde el 12-F hay un descenso en la cantidad de desechos que llegan a La Bonanza.

“Yo vivo en el 23 de Enero y es verdad que pasan los colectivos con altoparlantes en la noche amenazándonos. Pero si me consiguiera 30 chamos para guerrear desde allá, ni me lo pensara”, dice Lis (19).

Cada noche hay al menos cuatro tanquetas que en la parte superior tienen ocho cañones de los que salen bombas lacrimógenas. También hay efectivos con escopetas. Por encima de las detonaciones se escuchan mentadas de madre y unos sonoros “¡hijos de puta!” salen de las ventanas. Lanzan piedras y botellas.

Ellos responden con más bombas y perdigones. En ocasiones directo a los apartamentos. En otras, tanquetas chocan los carros estacionados. Uno de los verdes comenta que su compañero perdió la audición de un oído por un “tumbarrancho”.

De la ballena se escucha la voz de Chávez entonando “Patria querida”. Los uniformados explican que sirve para “levantar la moral de la tropa”, y que no significa estar partidizados. Antes de la medianoche vuelve la calma. Un GNB joven cuenta:

“Mi mamá, del Zulia, tiene que calarse la misma cola que la que hacen estos chamos, para comprar cualquier pote de aceite. Yo creo que ellos tienen razón, pero a veces se pasan”.

Se arregla el chaleco antibalas. Mañana será otro día.

Detrás de la careta

■ El estudiante: Tiene entre 17 (y a veces menos) y 25 años. Es atlético. Usa pasamontañas, camisas amarradas detrás de la cabeza o máscaras. Pide un cambio en el Gobierno. Aduce que están en la calle en la búsqueda de un futuro mejor. Viene de todas partes de la ciudad (y del país). Estrato social: clase media y popular. Las mujeres son bien activas. Pero los varones son más.

■ El guarimbero: Incita a la gente a tomar la autopista. Se visten igual que los estudiantes, aunque es de mayor edad. Le gusta el color negro y está a favor de radicalizar la protesta. Tiene muy arraigado el discurso anticomunista y aboga por una salida rápida. No debate, da órdenes y se va a la acción. Denigra de todos los que no lo acompañan, sea de la tendencia que sea.

■ El farandulero: Considera la Plaza Altamira como un lugar de encuentro. Antes de que empiece la refriega se toma fotos a sí mismo con la multitud detrás, como si estuviera participando; pero la verdad es que apenas se calienta el ambiente, pica la milla. Generalmente va en moto. También está el mirón. Gente enfluxada o con trajes de trabajo que caminan por la plaza o se sientan en las aceras sin hacer otra cosa que observar.

■ La acompañante: Es casi siempre mujer. Madre de adolescente que no prohíbe a su hijo participar en las protestas, pero también le da nervios quedarse en la casa. Entonces lo acompaña y cantan consignas. Lleva pancartas. También está la mujer que protesta porque la situación del país ha obligado a sus hijos a irse al exterior. Hay una que se hace llamar “Mamá terrorista”.

■ Los alerta: “No tomes foto”; “muéstrame tu carnet” son algunas de las frases que usa. Señala a los supuestos “sapos” y ve infiltrados hasta donde no los hay. Aunque ha encontrado a algunos que trabajan en inteligencia policial, periodistas y ciudadanos han sido víctimas de sus falsas acusaciones.

MÁS BARRICADAS EN CARACAS

En Caracas hay trincheras de este tipo no sólo en Chacao y Altamira, también en otras zonas, como Macaracuay, El Cafetal, Candelaria, Prados del Este y Colinas Bello Monte. La Policía de Baruta pasa por las avenidas principales para despejar la vía, pero a partir de las 5 pm, vecinos del sector vuelven a instalar barricadas. Las guarimbas trajeron enfrentamientos verbales entre la comunidad. Aunque algunos apoyan la protesta, se oponen al cierre de calles. “Manuel Da Silva, dueño de una licorería de Bello Monte, asegura estar “obstinado” y revela que sus ventas han bajado entre 60 y 70%. Blanca González

SALDO MORTAL

La palabra guarimba no aparece en el diccionario, pero en Venezuela es de uso común. El activista político, Robert Alonso, vinculado al caso de los supuestos paramilitares (2004), se atribuye su creación. La describe como el “bloqueo de la calle frente a las casas” con desperdicios, basura o cauchos. Hasta el momento, y desde el 12 de febrero, 17 personas han muerto en eventos relacionados con las guarimbas.

Siete fallecieron porque su vehículo perdió el control por una barricada y los otros 9 fueron asesinados mientras intentaban levantarla o estaban alrededor de ella. El Gobierno ha señalado a supuestos francotiradores. En otro caso, responsabilizaron a la guarimba por impedir el paso a tiempo de una ambulancia. Estas muertes forman parte de las 28 que han ocurrido desde que iniciaron las protestas. El resto fueron por cuerpos de seguridad del Estado o motorizados no identificados que dispararon.

TRINCHERAS VALENCIANAS

Desde hace un mes aumenta el número de manifestantes en la avenida Río Orinoco de Valencia. Con el transcurrir de los días los vecinos consolidaron sus barricadas. Los más osados permiten que sus hijos los acompañen. Los radicales aprovechan para contar sus épicas batallas. Los coordinadores de la cuadra controlan la logística y las provisiones. Las mujeres se dedican a mantener alimentados a los integrantes de la célula en una cocina comunitaria. Los gariteros se toman su trabajo en serio. Holgazanean sólo cuando son relevados. “El que se cansa pierde”, reza una pancarta. Gustavo Rodríguez

MARGARITEÑOS ENTRE CACHIVACHES

Julián es el encargado del centro de acopio de una guarimba margariteña. Cuenta que reciben donaciones de la sociedad civil. “No recibimos nada de los partidos”. Un estudiante explicó que son entre 40 y 45 personas los que montan las barricadas. Dayana dijo que la mayoría de los cachivaches los consiguen en basureros de edificios y urbanizaciones. “Las barricadas son una forma de resguardarnos de los colectivos, porque protestamos de manera pacífica”, comentó un estudiante. Al recordarle los derechos de otros, afirman que la situación del país afecta a todos. Sascha Moncada