Taller literario

Alberto Barrera Tyszka

Estimado Nico:

He seguido con atención tus últimos ejercicios narrativos y, si me lo permites, quisiera hacerte algunos comentarios.

Déjame comenzar diciendo que has elegido un género muy difícil.

Foto: img4.wikia.nocookie.net

La llamada novela negra es una disciplina muy exigente.

Hay quien, ingenuamente, piensa que lo único que hace falta para armar un relato policial es un buen crimen.

No es cierto. No es tan sencillo. Contar un crimen también es un arte.

Raymond Chandler es un ícono fundacional de la larga tradición de la literatura que mezcla enigmas y delitos. Inventó a Philip Marlowe, uno de los duros más exitosos de la ficción norteamericana.

Raymond Chandler Foto: i.telegraph.co.uk

Chandler también fue guionista en Hollywood y era conocido, además, por su mala leche y su alcoholismo.

En 1949, trató de darle forma a su experiencia y redactó unas breves reflexiones sobre la escritura de “novelas de misterio”.

Ya que andamos en esto, Nico, quizás convenga revisar los consejos de un maestro.

Lo primero que recomienda Chandler es proponer “situaciones creíbles, tanto en la situación inicial como en el desenlace”. Asegura que hay que “presentar acciones plausibles, de gente plausible, en circunstancias plausibles”.

Es un punto aparentemente muy sencillo pero pertinente. Lo digo pensando en tu última entrega, en el relato que nos ofreciste esta semana. He regresado varias veces a tu evidencia esencial: el testimonio de Edwin Torres. Me temo que resulta débil, poco creíble.

El escolta parece referirse a la propuesta de homicidio como si lo hubieran invitado a ver un juego de beisbol. Y, luego, su “confesión del crimen” se reduce a una fórmula peculiar: “Con la insistencia, caí en la tentación”. Después de escucharlo, no se multiplican las certezas sino las dudas.

Tampoco es muy plausible tu explicación de los hechos. Sobran asesinos. Ninguno, además, parece actuar con la experticia de un profesional. Hay demasiada gente entrando y saliendo delante de las cámaras, como si el lugar del crimen fuera una pasarela.

Todo el argumento de la banda de paracos, convenientemente coordinados por alguien apodado “el Colombiano”, pagados desde el exterior por los enemigos de la patria tampoco resulta demasiado verosímil.

Chandler afirma que un buen relato policial “debe ser realista en cuanto a la caracterización, la ambientación y la atmósfera. Debe describir personas reales en un mundo real”.

Tal vez ese sea el problema.

En tu cuento, Nico, siempre hay un instante en el que todo se evapora, en el que el misterio se resuelve con una palabra: Uribe, por ejemplo. Derecha, otro ejemplo. Lo mismo pasa con el caso de Otaiza.

Tú lo has dicho: todavía estás esperando que “aparezca” algo que justifique tu relato. ¿Y el giro narrativo de venir a contar que hace poco intentaron asesinar a Diosdado Cabello? Parece un poema de Isaías Rodríguez.

¿Quién puede creer que Cabello vocifere contra Berrizbeitia pero se quede calladito frente a un intento de homicidio? Falta lógica, Nico. Falta coherencia, falta sentido común.

Quizás tu punto de partida, escrito en mayúsculas el mismo día del crimen, sea muy grandilocuente, muy epopéyico. Tú dices que el móvil del asesinato era “desestabilizar al país”.

Fíjate lo que dice el viejo Chandler: “Cuanto más exagerada sea la premisa básica, más literal y estricto debe ser el desarrollo de los hechos que se derivan de ella”. Eso es lo que falta, Nico.

“La novela de misterio debe ser aceptablemente honrada con el lector”, asegura Chandler. Y agrega que la honradez consiste en mostrar todas las pistas y no distorsionarlas con falsos énfasis, no ofrecer finales tramposos que no convencen a nadie.

Contar un crimen es un arte. Si hubieras invitado a esa rueda de prensa a los periodistas de sucesos, quizás todos habríamos seguido el relato con más atención. Pero tú ahí, echando el cuento solito, no nos convences. No nos atrapas. Nos ponemos a pensar en otra cosa.

Foto: blogseitb.com

Por cierto, Nico, ¿qué te parece lo que está pasando con los precios del petróleo?

¿Dónde queda Venezuela?

Golcar Rojas, El Blog de Golcar

Si me preguntaran dónde queda Venezuela, tendría que decir que queda en México,  en Miami y otras zonas más internas de Estados Unidos.

Queda en Colombia, en Ecuador, en España.

En Panamá, en Chile, hasta en los Emiratos Árabes.

Venezuela queda entre cualquier meridiano y paralelo del mundo a donde se tuvieron que ir a vivir los venezolanos de bien en busca de procurarse una mejor calidad de vida.

Persiguiendo un poco de tranquilidad y seguridad, aunque sea, un poquito de futuro para ellos y los suyos.

Venezuela hoy es un país desperdigado por el mundo.

Donde esté radicado el talento, la inteligencia y el trabajo de los venezolanos,
ahí queda Venezuela.

Venezuela está en cada petrolera del mundo que ha visto aumentar su producción y mejorar su actividad gracias al talento y trabajo de los venezolanos que contrataron.

Venezuela queda donde hay una televisora, un periódico, una radio cuyas programaciones y producciones se han visto mejoradas e incrementadas gracias al trabajo creativo de venezolanos que ayudan a crecer medios libres en otras tierras.

En países que no son el suyo.

Donde las editoriales sacan provecho de la imaginación y capacidad de creación de venezolanos ingeniosos y originales con historias formidables, muchas veces impregnadas de la nostalgia y la desazón del exilio.

Allí está Venezuela.

Venezuela estará en esos países a donde cada día lleguen venezolanos de bien para entregar en tierras lejanas y extrañas todo su esfuerzo y trabajo para hacer de este mundo un sitio mejor.

Quedará Venezuela donde vayan a vivir todos esos jóvenes que hoy están buscando la mejor manera de irse a una tierra que les ofrezca algo más que un certero tiro, una ominosa discriminación, un insulto en cadena.

Lo que queda aquí, rodeado por  Colombia, Brasil y Guyana, frente a ese hermoso e imponente Mar Caribe.

Esto, este corral al norte de la América del Sur.

Esta republiqueta de vivos, sicarios y malhechores.

Esto que ya no es un país sino una parodia de República Bananera.

Esto no es Venezuela.

Este pozo de plomo y sangre, este luto en gerundio, este llanto que no cesa, no es el país del que nos canta el Gloria al Bravo Pueblo.

Esto, este solar de mansas colas de hambruna no es la tierra que parió a héroes independentistas.

Esto no es más que la república bolivariana de Venezuela.

Así, con minúsculas.

Disminuida y empobrecida.

Ensombrecida, envilecida y triste, como nos la legó un hombre megalómano que se creyó líder intergaláctico e inmortal.

Un resentido ser a quien ahora pretenden convertir en deidad.

Foto: fbcdn-sphotos-h-a.akamaihd.net

Tiempos de desmadre

César Miguel Rondón

Tiempos de desmesura e irracionalidad. El país se va en sangre. Las cifras de muertos son espeluznantes, se incrementan de manera ciertamente diabólica, infernal.

Pero un muerto en particular levanta todo un escándalo en la opinión pública y especialmente en el sector oficialista.

El asesinato de Robert Serra, un asesinato cometido con cruel saña, tiene indignada y conmocionada a toda la población.

Pero llama profundamente la atención el uso político que le han dado prominentes dirigentes del oficialismo a este asesinato.

Rodríguez Torres. Foto: Elsoldemargarita.com.ve

El ministro Rodríguez Torres advirtió, en rueda de prensa, que todavía se está investigando, no se ha llegado a nada puntual, concreto, ni el Cicpc ni el Ministerio Público.

Hay algunas evidencias interesantes, hay algunos videos de los seis asesinos, y se ha llegado a la conclusión de que fue un asesinato por encargo. Pero de allí a afirmar que es un asesinato de la derecha fascista, como lo dijo Blanca Eekhout, hay todo un abismo.

En la Capilla Ardiente en la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello llegó hasta estos extremos:

Diosdado Cabello. Foto: Psuv.org.ve

“Sí nos duele, señores fascistas, que nos maten a uno de los nuestros, nos duele en el alma pero no nos van a amedrentar, no nos van a chantajear. Dentro de 40 años los niños tendrán patria gracias a los sacrificios de unos mártires que siguieron el camino de la revolución bolivariana”.

Además, Cabello critica las “condolencias hipócritas que llegan desde el fascismo”:

“Para ellos Robert era un estorbo y creen que ya no estará en la Asamblea, pero están bien equivocados porque Robert seguirá en la Asamblea, en la calle, con los jóvenes, con los trabajadores, este crimen no quedará impune”.

¿Por qué afirma este señor que le ha asesinado lo que él llama el fascismo o la derecha? ¿Por qué se adelanta a las investigaciones? ¿No es más prudente, señor Cabello, esperar a que los pesquisas del Cicpc lleguen a las conclusiones decisivas?

Ernesto Samper. Foto: Elpais.com.co

Pero esto de las desmesura no se queda en el país. Este singular personaje llamado Ernesto Samper, desde Quito, en su papel de secretario de Unasur, dijo que “el asesinato de Serra es una señal de la infiltración del paramilitarismo colombiano”.

¿Recuerdan el asesinato de Eliécer Otaiza? ¿Recuerdan que hasta el mismísimo Nicolás Maduro salió a decir que fue planificado desde Miami, de nuevo por la derecha fascista, bla, bla, bla?

Ahora el presidente ha vuelto con el mismo argumento apresurado. Pero resultó que aquel asesinato fue obra del hampa común. Hampa común como en la inmensa mayoría de los asesinatos en nuestro país.

El general Rodríguez Torres dijo que se descartaba el hampa común en el asesinato de Serra porque había sido un sicariato. Y uno se pregunta: ¿los sicarios no son hampa común?

Tiempos de confusión. Peligrosos tiempos de desmadre.

Foto: Runrun.es

Los colectivos: orden y terror chavista en Venezuela

Antonio María Delgado, El Nuevo Herald

Javier Ignacio Mayorca, Crímenes sin Castigo

Para el chavista, son la expresión urbana del Che Guevara, revolucionarios que luchan por “el proceso” desde trincheras excavadas en las barriadas. Para el opositor, esbozan el rostro violento de la Revolución Bolivariana, pandilleros mantenidos por el régimen para intimidar a la sociedad civil y, en ocasiones, hacer su trabajo sucio.

Pero nadie en Venezuela duda que están armados.

“Los colectivos son el rostro violento de la revolución, pandilleros mantenidos por el régimen para hacer trabajo sucio”

Los colectivos, como se autodenominan las unidades paramilitares al servicio del chavismo, personifican la Espada de Damocles que cuelga sobre la civilidad de la política venezolana.

Son la amenaza latente de que la Revolución Socialista emprendida por el fallecido presidente Hugo Chávez cuenta con armas para su defensa que no están necesariamente en manos de sus soldados y policías.

Natalia Brandler

Y son agrupaciones que se encuentran en plena expansión, ahora que Nicolás Maduro está al timón, con los colectivos pasando de Caracas a otras ciudades del país, comentó Natalia Brandler, Directora del Groupe d’Études sur l’Amérique Latine (GEPAL), quien ha estado estudiando el fenómeno.

En algunos de los barrios pobres del país estas organizaciones han tomado tanta fuerza que son ahora vistos como la única autoridad en ejercicio, agregó.

“No están todavía en todo el país, pero han ido creciendo. Se están expandiendo. Se han convertido en ‘la ley’ en muchas zonas, donde son ellos los que deciden lo que es delito, y cuál debe ser el castigo”, explicó Brandler.

En estos lugares, tradicionalmente zonas de Caracas donde la policía no se atreve a ingresar, se desempeñan como fiscales, jueces y jurado, agregó.

“Los colectivos son unidades paramilitares al servicio del chavismo” Foto: Pbs.twimg.com

“Se toma la ley en sus manos, y dentro de sus zonas, ellos son los que deciden, quiénes entran y quiénes salen, quienes viven y quienes mueren. Han convertido estos barrios en pequeños feudos, donde mandan ellos, incluso por encima de lo que pueda decidir el gobierno central”, señaló.

Feudos desde donde operan una amplia red de extorsión.

“Es el negocio extorsión tradicional de las mafias, donde te dicen: nosotros te cuidamos, y tú a cambio nos das una ‘boleta’, o sea una ‘vacuna’, comentó Brandler.

El control de estos grupos es casi total en zonas populares, incluyendo sectores del 23 de Enero, Catia y de Petare, donde agentes de la policía no pueden ingresar sin la autorización de colectivos como La Piedrita, Montaraz, Simón Bolívar, Los Tupamaros y Alexis Vive.

“Los colectivos operan con autonomía y son protegidos por el chavismo que les da financiamiento, equipos y armas”

La Piedrita es el más famoso de ellos y su reinado en las calles del 23 de Enero es legendario.

“Los colectivos han convertido estos barrios en pequeños feudos, donde mandan por encima del gobierno”

En el sector, conformada por docenas de bloques 150 departamentos cada uno que fueron construidos durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), abundan las paredes pintadas con imágenes del grupo, que incluyen uno mostrando a Jesús sosteniendo la Constitución al lado de la Virgen de Coromoto, la patrona del país, portando un rifle AK47.

Pero si bien estos grupos operan con cierto grado de autonomía, al mismo tiempo son respaldados y protegidos por altos personeros del chavismo, que les brindan financiamiento, equipos y armas.

Incluso el propio Chávez estuvo entre los primeros en reconocer los beneficios de incorporar a las filas de la revolución estas agrupaciones con inclinaciones de izquierda que habían emergido orgánicamente dentro de algunos de los barrios más pobres de Caracas como organizaciones de autodefensa frente a la delincuencia.

Anthony Daquín

Chávez tenía grandes planes para los colectivos, comentó Anthony Daquín, ex asesor de seguridad del Ministerio de Interior y Justicia.

El [Chávez] llegó a llamar a los colectivos como el Brazo Armado de la Revolución y es una designación que sigue siendo utilizada dentro del chavismo”.

En esencia son grupos paramilitares integrados por elementos que han recibido formación en ideología e instrucción en operaciones de guerrilla urbana, dijo Daquín, quien ejerció como asesor en los primeros años del gobierno de Chávez.

El chavismo ha invertido holgadamente en la formación del liderazgo de estos movimientos.

Valentín Santana, líder del colectivo La Piedrita.

“Los líderes de los colectivos han pasado por un proceso de formación ideológica socialista y han viajado a la isla de Cuba, donde se les ha preparado en áreas que van desde el combate cuerpo a cuerpo, hasta el combate armado”, relató.

Además del adiestramiento, los colectivos reciben fondos directos del gobierno.

“Son recursos que vienen disfrazados a través de ayuda.

Algunos de ellos provienen del denominado Frente Francisco de Miranda [agrupación de militantes chavistas], pero también provienen de alcaldías bajo control del régimen, e incluso de la propia PDVSA”, comentó Daquín.

La ayuda también incluye la dotación de armamento, en ocasiones de guerra, por parte del gobierno.

“Los colectivos son la amenaza latente de que la revolución cuenta con armas”

“Son armas decomisadas a los presos. Las autoridades les entregan aquellas armas decomisadas que ‘no están cochinas’ [solicitadas por las autoridades con relación a algún crimen]”, dijo Brandler.

“También les han entregado motocicletas, en al menos un caso utilizando el argumento de que estaban siendo entregadas a una cooperativa de mototaxis. Y esa cooperativa terminó convirtiéndose en un colectivo, armado y con moto”, agregó.

A cambio de esta ayuda, los colectivos son requeridos a prestar sus servicios al régimen en diversas labores. Han participado por ejemplo en jornadas de cedulación.

Y han jugado papeles centrales en la estrategia chavista durante las elecciones, patrullando armados y en motocicletas para intimidar al elector opositor, comentó Daquín.

“En algunos barrios pobres los colectivos son la única autoridad en ejercicio”

En más de una ocasión, la actuación de los colectivos durante los eventos electorales ha sido violenta, como sucedió en noviembre cuando un grupo de ellos trató de incendiar el pequeño autobús en que se desplazaba el líder de la oposición Henrique Capriles, o como cuando dispararon contra el vehículo de la también dirigente de la oposición María Corina Machado.

“A Capriles no le dejaron entrar en alguna zona durante la campaña. Cuando trataba de visitar las zonas populares donde ellos operan, se encontraba con que los motorizados estaban allí con el rostro cubierto. Esos que le impedían el paso, eran miembros armados de los colectivos”, dijo Brandler.

Las agrupaciones utilizan pañuelos para taparse la cara y se desplazan en motocicletas como si se tratasen de una versión moderna de las viejas películas de vaqueros.

“En esos lugares los colectivos se desempeñan como fiscales, jueces y jurado”

El color de los pañuelos porta un gran significado, como sucede con las las pandillas de los barrios en Estados Unidos, que utilizan el rojo o el azul para marcar territorio.

Y los colores son importantes en las operaciones de extorsión.

Camisetas con esos colores son colgadas en las puertas de los pequeños negocios en que operan, para dar a conocer quien les protege, dijo Brandler.

“Estos colectivos se han convertido en cobradores de peaje [extorsión], exigiendo el pago de protección a los comerciantes que viven en la zona”, dijo Daquín.

“Y los comerciantes tiene que pagar, si no lo hace rápidamente se convierten en víctimas”, agregó.

Si bien acciones como esta pueden ayudar a traer orden en lugares azotados por el hampa, los colectivos no son bien vistos por los moradores de las zonas donde operan, añadió Brandler.

La violencia buena y la mala violencia

La realidad demostró que los colectivos eran cada vez menos pacíficos y más armados. Fotos: Maduradas.com

Los escándalos que involucran a miembros de los colectivos están obligando al Ejecutivo a cambiar su discurso hacia estas agrupaciones.

Luego de la operación policial que dejó cinco muertos en la avenida Sur 4, el gobierno se ha visto obligado a matizar su discurso con respecto a los colectivos, es decir, las agrupaciones civiles que operan en Caracas y en el resto del país como cuerpos paramilitares y a las que se les ha asignado la defensa armada de la revolución.

El episodio fue demasiado evidente. De un lado estaban las unidades de la policía judicial. Del otro, militantes del colectivo autodenominado Escudo de la Revolución, con apoyo del Frente 5 de Marzo, una plataforma liderada por el sargento jubilado de la Policía Metropolitana José Miguel Odreman Dávila, que pretendía constituirse en punto de fusión de otros tantos colectivos.

El sargento Odreman, cuando estaba con el “proceso”. Foto: 1.bp.blogspot.com

Desde CICPC se filtró la información de que la organización liderada por Odreman, de 43 años de edad, estaba vinculada con el homicidio del oficial de la Policía Nacional Francisco Antonio Viloria, de 24 años, reportado en el barrio José Gregorio Hernández de Cotiza el 9 de enero.

En ese mismo hecho murieron Yohanny Wilfredo Rojas y Luar Rafael Pérez, de 22 y 23 años de edad, respectivamente. Igualmente, la sindican de participar en los asesinatos de dos hombres que fueron hallados en las riberas del rio Guaire, envueltos en bolsas para basura, así como también en la muerte de Yohan José Alaya Pérez, de 33 años, luego de que supuestamente fue torturado en el sótano del edificio Manfredir, principal objetivo del allanamiento.

Comisario José Sierralta, director del CICPC. Foto: Nuevaprensa.com.ve

Nada de esto fue precisado por el actual director de ese organismo José Gregorio Sierralta, quien ese día se limitó a emitir mensajes vía twitter desde Valencia así como una breve rueda de prensa para aclarar que la acción que prácticamente mantenía paralizado al centro de Caracas no obedecía a las pesquisas sobre el asesinato del diputado Robert Serra.

En medio de la confusión, el titular de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, así como el propio Sierralta, intentaron hacer una distinción entre colectivos y bandas delictivas. En ese imaginario, los primeros se dedicarían al trabajo social en sus comunidades, mientras que los otros a delinquir.

Este discurso se fue refinando con el pasar de los días. Rodríguez Torres hizo esta caracterización:

Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres. Foto: Gentedehoy.com

“Un colectivo es expresión de la organización del poder popular. Los colectivos en Venezuela tienen años de constituidos, años de trabajo, son para la paz y por la paz, la cultura, el deporte y la organización popular. Vimos en los twitter de muchos colectivos cómo se deslindan de la violencia para ejercer la participación política”.

¿Este Rodríguez Torres es el mismo oficial que, cuando era comandante con oficina en la Vicepresidencia, contribuyó a orquestar los círculos bolivarianos? Desde entonces, él ha podido presenciar la evolución de los colectivos. La imagen idílica que expresó en el acto de la Plaza Caracas no obedece a la realidad actual sino a la etapa previa a la crisis política de 2002-2003.

Desde entonces, los colectivos han seguido el principio expresado en su momento por el propio Hugo Chávez, según el cual el proceso político que él lideró era “pacífico, pero armado”. La realidad demostró que era cada vez menos pacífico y más armado.

Los colectivos tienen patrones de organización similares a los terroristas. Foto: Maduradas.com

Entiéndase bien: los colectivos, especialmente los más evolucionados como La Piedrita, Tupamaros o Alexis Vive, tienen patrones de organización similares a los que poseen agrupaciones consideradas terroristas, tales como ETA en el País Vasco o Hamas en Palestina. Antaño también la tuvo el Ejército Republicano Irlandés.

Por una parte, tienen un ala militar, dedicada de las acciones de choque. Por la otra, una rama política, encargada de las negociaciones con otros sectores, la vocería pública y la “acción social”, que les hace ganar adeptos especialmente en los sectores más desposeídos.

Un reportaje publicado por El Nacional el 14 de septiembre (http://www.el-nacional.com/sucesos/Cotiza-centro-operaciones-colectivos-Caracas_0_482351846.html) refleja claramente que el Frente 5 de Marzo intentaba seguir este modelo. Es decir, detrás de la manzana va el garrote.

El sargento Odremán pretendíió constituirse en punto de fusión de otros tantos colectivos. Foto: Maduradas.com

El discurso esgrimido por los miembros del Ejecutivo tiene pies de barro, especialmente cuando se escuchan los testimonios de los familiares del sargento Odreman y los demás fallecidos en el edificio Manfredir, quienes recordaron que para el Gobierno ellos sí podían llamarse colectivos cuando defendieron a todo trance al presidente Maduro durante las manifestaciones de febrero. Cuando siguieron aquella orden impartida en cadena nacional: “Candelita que se prenda, candelita que se apaga”. Ahora, desde luego, repudian que los llamen bandas criminales.

La conducta mostrada desde el régimen hacia los colectivos sugiere la noción de que hay una violencia buena y otra reprochable. La primera, encaminada a sostener el estatus político. Allí todo es posible. Se asegura la impunidad, por ejemplo, cuando miembros de estos grupos irrumpen en urbanizaciones de Mérida para arremeter contra los residentes que participan en las protestas antigubernamentales. O ante el robo continuado de motocicletas de la Alcaldía Metropolitana, a cargo del opositor Antonio Ledezma.

Lo que no se puede hacer es atentar contra el régimen, sus actores y sus intereses. Esa línea no se puede cruzar.

“Son temidos, no queridos”, comentó la profesora. “Querido no es ninguno de ellos, la gente les tiene terror”.

Aumenta la devoción a espíritus de criminales en Venezuela

Jorge Rueda, Associated Press

Agobiados por la galopante violencia criminal, los venezolanos están volcándose cada vez más al espiritismo y a seres inmateriales para que “intercedan” por ellos y les permita salir ilesos de un atraco, para que un familiar detenido en las anárquicas cárceles locales siga con vida, o para que sus seres queridos salgan ilesos si son víctimas del llamado secuestro exprés.

Fuera de acudir a las tradicionales deidades de la santería como Obatalá, ahora madres, esposas, jóvenes y ancianos acuden a nuevos ídolos locales, espíritus de delincuentes o “malandros” que han asumido un áurea mitológica en las barriadas pobres de Caracas por la creencia popular que pueden evitar crímenes violentos, un fenómeno que las autoridades no han podido controlar.

“La santería es una religión viva en el sentido que es una religión que está en permanente cambio, en permanente modificación y crecimiento, incorporando y saliendo de nuevos santos”, dijo doctor Gonzalo Himiob Almandoz, miembro de la New England Society of Jungian Analysts y profesor de historia de la siquiatría en la Universidad Central de Venezuela.

La llamada corte malandra o criminal está conformada por un conjunto de espíritus que, de acuerdo a los santeros, buscan el perdón de la pena merecida si interceden para alejar a los jóvenes de la vida delictiva, protegerlos de morir en enfrentamientos con policías u otros delincuentes, así como ayudar a los reos a sobrevivir en cárceles que, en su mayoría, son controladas por grupos de internos que poseen armas, municiones y granadas y que ingresan a los centros penitenciarios gracias a la complicidad y la corrupción de funcionarios civiles y militares.

En Venezuela “hay un auge de la santería, hay un renacer de estos cultos sincréticos, muy primitivos, muy básicos por las mismas necesidades que han ido surgiendo“, dijo Himiob Almandoz, autor del libro `Dioses Obscuros: Sincretismo, Imagen y Arquetipos en Latinoamérica’.

El pueblo venezolano y todos los pueblos en general tienen una cosa que es el pensamiento mágico religioso, que es un pensamiento muy primitivo, muy básico; no por eso menos importante, a lo cual se recurre sobre todo en momentos de crisis, como la crisis que estamos viviendo desde el punto económico, político y social”, agregó.

La santería es una religión sincrética surgida en Cuba que mezcla el catolicismo traído por los españoles y los ritos a los dioses del panteón yoruba venerados por los esclavos traídos de África. Obatalá, padre de los dioses yorubas, hace siglos es representado por la Virgen de Las Mercedes.

Al igual que ocurrió durante el éxodo de cubanos que llegó al país tras la revolución cubana de 1959, el arribo de miles de médicos y otros funcionarios cubanos durante la presidencia de Hugo Chávez ha contribuido al aumento de esta devoción.

En la última década, Venezuela se ha convertido uno de los países más violentos de la región con una tasa de homicidios que, según cifras oficiales está en 39 por cada 100.000 habitantes, pero que para Naciones Unidas dice que es de 53,7 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Es el segundo país más peligroso del mundo sin contar los que están en guerra. Venezuela sólo es superada por Honduras, incluso si se usan estadísticas oficiales.

El venezolano del común ahora cambia sus rutinas con frecuencia para evitar ser perseguido y robado, y se refugia en su casa al caer la noche en hogares fortificados con rejas.

La popularidad de la corte malandra se evidencia en la creciente cantidad de personas que acuden al Cementerio General del sur, ubicado en una barriada pobre del oeste de Caracas.

Panteón de la Corte Malandra en el Cementerio General del Sur. Foto: Noticias24.

Un creyente fuma un puro en el panteón de “Santos Malandros” en el Cementerio General del sur, de Guarataro un barrio pobre del oeste de Caracas, Venezuela. Los venezolanos están volcándose cada vez más al espiritismo y a seres inmateriales para que “intercedan” por ellos. La popularidad de la corte malandra se evidencia en la creciente cantidad de personas que acuden al Cementerio General. (Foto AP/Ariana Cubillos).

Los devotos se reúnen constantemente para orar, consumir licor y fumar tabaco como ofrenda por “los favores recibidos”. Proliferan tiendas de estatuillas que representan a espíritus que exhiben armas de fuego y cuchillos, usan lentes oscuros, pantalones vaqueros y coloridas camisas.

Una imagen de “Ismael” fue colocada en el panteón de “Santos Malandros” en el Cementerio General del sur, de Guarataro un barrio pobre del oeste de Caracas, Venezuela. Agobiados por la galopante violencia criminal, los venezolanos están volcándose cada vez más al espiritismo y a seres inmateriales para que “intercedan” por ellos, incluyendo a “Ismael”, un asaltante de bancos y camiones de carga que según algunos mató a decenas de personas en la década de 1970 antes de morir. (Foto AP/Ariana Cubillos).

Entre los espíritus más populares está “Ismael”, un asaltante de bancos y camiones de carga, que algunos dicen que mató a decenas de personas en la década de 1970 antes de morir, como muchas otras deidades de la corte malandra en enfrentamientos con policías o bandas rivales.

En la actualidad Ismael es considerado un héroe al estilo de Robin Hood que “robaba a los ricos” y repartía una buena porción de su botín entre los más pobres, a la par que mantenía alejados a ladrones, violadores, traficantes de droga y homicidas de la barriada de Guarataro, al oeste de la capital.

Un grupo de niños y adolescentes se coloca frente a las imágenes de “Ismael” y de su novia “Elizabeth”. (Foto AP/Ariana Cubillos).

La imagen de Ismael lleva gorra de béisbol, casi siempre de medio lado, se le ve fumando un tabaco y porta una pistola calibre 38 entre sus pantalones.

Ismael es venerado “por las acciones que hizo en vida… el robaba conteiner de comida, conteiner de carne, medicinas para toda la gente más necesitada del barrio“, dice Iván Eduardo, quien cuida y restaura las imágenes en el cementerio. Se acercan al lugar “más que todo madres que piden “por los hijos que están presos. En eso es que está más enfocado Ismael, en los presos, (también) hay mucha gente inocente en los penales (que esperan años por un juicio)”.

Uno de los devotos que va al cementerio, que prefiere que su identidad no se conozca porque no le gusta, dice que la santería atrae a mucha gente por razones positivas “como procurar una vivienda, sanar de una enfermedad”, pero que hay también “los que se meten para que el `trabajito’ (matar o robar) le salga bien y no lo vayan a guardar con `candao’ (meter preso)”.

Un creyente vierte alcohol a manera de ofrenda sobre las imágenes de “Ismael” y “Elizabeth”, que fue la novia de Ismael, en el panteón de “Santos Malandros”. (Foto AP/Ariana Cubillos)

La santería cuenta con muchos seguidores en Cuba, Venezuela, México, Puerto Rico, y República Dominicana. Muchos de sus devotos en esta nación sudamericana de casi 30 millones de habitantes añadieron a sus deidades una más, proveniente de una religión popular: el culto a la diosa indígena María Lionza, piedra angular de la variante local del espiritismo, que también ha florecido en los últimos años.

Los devotos de la diosa indígena pertenecen a todas las razas y clases sociales.

Foto: Unguajiroilustrado.files.wordpress.com

La Iglesia Católica objeta estos cultos pero hace tiempo que abandonó sus intentos de eliminarlos.

La fotógrafa de The Associated Press Ariana Cubillos y el videoreportero Ricardo Nunes, contribuyeron a esta crónica.

¿Qué hay detrás del asesinato de Robert Serra?

Willy McKey, Prodavinci

“Déjenme presentarles a Caracas, la embajada del infierno, tierra de asesinatos y tiros. Cientos de personas mueren cada semana, ahora vivimos en guerra, la ciudad está llena de locos”. OneChot en “Rotten Town”

Han pasado varias horas desde que se difundió la noticia de que el diputado Robert Serra fue asesinado. Sin embargo, durante un buen tiempo va a ser difícil ponerle nombre a tanta muerte. Hoy, en mi país, en mi ciudad, los vivos somos linchados por desalmados sin rostro. No se trata de una persecución por diferencias étnicas o religiosas. Ni siquiera políticas.

Esta masacre la han llevado adelante los hijos de la impunidad y sus víctimas sólo debemos cumplir un requisito: estar vivos.

Hace más de dos años y medio, cuando le dispararon al músico OneChot, me tocó escribir en un post que quienes deben asegurarnos la vida ven llover sangre ajena, pisan nuestros charcos y se esconden detrás de sí mismos, como si el miedo fuera una estrategia.

“Mientras inventan una guerra en el espejo, afuera disparan consecuencias de la ineficacia. Mientras buscan a quien echarle la culpa, afuera toma forma la muerte cada noche. Mientras se distraen con himnos, su rabia nos imposibilita el concierto”.

Hace más de un año y medio, tras el asesinato del periodista Jhonny González, me tocó confesar en un post que “tenemos la defensa abajo, cansados los hombros. Han sido muchos golpes. Es la Muerte haciéndonos sonar la quijada con un golpe seco y recogiendo el brazo para rematarnos”.

Hace apenas nueve meses, tras el asesinato de Mónica Spear, me tocó gritar en un post esta pesadilla en la que estamos “cada quien convertido en espectador de una muerte violenta que lo ronda”.

Hace semanas me tocó soltar alguna hipótesis: debe ser que estamos muertos.

Y ahora toca escribir sobre el asesinato del diputado más joven del país, mientras en el canal de televisión del Estado el ministro Rodríguez Torres se sorprende porque no fue el hampa común la que cometió un asesinato “muy bien organizado”.

Así de tibio y así de contradictorio. Es uno más de quienes le echan la culpa de tanta muerte a un fantasma, a las sombras, a la nada.

Porque detrás del asesinato de Robert Serra, detrás de los asesinatos de cada venezolano que han muerto por la violencia de este siglo XXI que huele a sangre y papel moneda, hay un pogromo emprendido por unos malditos que ya están muertos por dentro.

Una manada asesina día tras día a víctimas anónimas que no han ganados curules ni alcaldías, ni protagonizado ficciones, ni grabado discos. Muertos que no han puesto su nombre en ningún otro titular que no sea el del último día de su vida, en la sección de Sucesos de algún diario ajeno a las comunicaciones oficiales.

Y, mientras eso sucede, los responsables de mantenernos con vida dentro de los límites territoriales de este desorden en que se ha convertido el mapa se dedican a sorprenderse en vivo y directo, a levantar banderas y pelearse consigo mismos entre el duelo y el fracaso.

Cualquiera de nosotros podría ordenar todos sus miedos (como dice el poeta Benedetti) por colores, tamaños y promesas.

Cualquiera podría dejar un rosario de nombres en orden alfabéticos de las personas asesinadas cercanas a sus afectos, a su cotidianidad, a su vida.

Cualquiera puede ordenar sus muertos demográficamente y marcar en el mapa los puntos de sangre que ninguna revolución va a devolverle haciéndose irreversible.

Cualquiera podría escupir sobre cada versión de cada plan de seguridad fracasado con los que el Ejecutivo Nacional nos ha prometido la limosna de mantenernos con vida.

Cuando la Muerte nos devuelva el país, quienes queden vivos van a tener que estarlo en serio. Seremos los testigos del asesinato como única norma, del espanto convertido en cotidianidad, del pogromo de los muertos contra los vivos. Y los responsables de que no se repita tanto dolor ni tanto miedo.

Porque hoy lo único que nos hermana a los venezolanos es este miedo a quienes dejaron de creer en la vida.

Y hemos llegado a un borde peligroso: hasta los voceros del gobierno esperan que se haga algo. Lo piden con la misma voz de las madres que lloran afuera de las puertas de la morgue de Bello Monte cada mañana: pidiendo que por una puta vez se haga justicia.

¿Qué hay detrás del asesinato de Robert Serra? Un país que se está acostumbrando a morir a manos de otros muertos.

“Propongo un pacto con los pobres y la clase media”

Entrevista a Jesús “Chuo” Torrealba

Roberto Giusti, El Universal

Por ahora despacha desde su camioneta, su secretaria es el celular y no sabe aún desde donde va a cumplir su novísima y arriesgada función como Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática. Pero, eso parece tenerlo sin cuidado porque lo suyo es recomponer el esquema unitario de la oposición venezolana a partir de premisas como aquella según la cual “hoy la polarización es una nostalgia” porque el país que antes se dividía en chavistas y antichavista ahora concentra una gran mayoría descontenta que ha roto el ya viejo esquema:

“Creo que debe rescatarse el diálogo utilizándolo como instrumento para la resolución verificable de problemas”

“Durante mucho tiempo me hicieron el planteamiento sobre la Secretaría Ejecutiva y yo respondía que no porque mi espacio está en la construcción de ciudadanía, en el ámbito de lo social y comunitario, dentro de un proceso político convencional. Hace dos domingos Antonio Ledezma insistió y yo le di la respuesta de siempre. Pero tres días después Henrique Capriles me reiteró la propuesta y eso me llamó la atención porque se trataba del mismo planteamiento, hecho por dos personas que se mueven en distintos espacios de la alianza democrática. Le comenté el hecho a la gente que me acompaña en la Asociación Civil Radar de los Barrios, hicimos el análisis y concluimos que había una suerte de consenso creciente”

-¿Solo sobre tu nombre?

-También se logró un consenso sobre definiciones básicas. Hay un documento, con fecha 6 de agosto, aprobado por unanimidad, donde se establece el objetivo político de la alianza y la estrategia común para conseguir un cambio político urgente a través de métodos constitucionales, democráticos, pacíficos y electorales.

-¿Cuál es la estrategia?

-La construcción de una mayoría que haga posible el cambio y garantice gobernabilidad.

-Entiendo que tú argumentabas, para no aceptar la propuesta, que se requería un constructor de consensos. ¿No te sentías capaz de asumir ese rol?

“El gobierno vació de significado la palabra diálogo”. Foto: 1.bp.blogspot.com

-Pensaba que si ese era el rol, otros lo podían cumplir con igual énfasis que yo, mientras que la actividad que ejerzo en la calle no tiene muchos candidatos.

Pero la circunstancia del consenso creciente en una oposición hasta entonces con problemas para encontrarse, indicaba que podíamos aportar en esa dirección.

Otra razón era la peculiaridad del perfil.

No soy militante partidista ni tengo aspiraciones político-electorales.

Tengo, sí, una trayectoria de lucha social.

Entonces la pregunta es si el gesto se asume como inicio de un estrechamiento de relaciones entre el liderazgo político-partidista y el social-comunitario.

¿No se reconoce, con ese gesto, que los partidos de la Unidad han estado divorciados de la realidad social?

-No. En una década que tengo de activismo social y en todos los conflictos en los cuales me he visto involucrado, siempre me encontré con militantes y dirigentes de los partidos.

-Dirigentes de base.

“La conflictividad en la segunda mitad de este año está protagonizada por puro pueblo chavista: obreros de Sidor, cementeros, los de PDVSA, los de los centrales azucareros. Todos ellos desafían la represión y están siendo detenidos y judicializados”. Foto: 2001.com.ve

-Dirigentes de todos los niveles. Ahora, en pocas ocasiones ese militante o dirigente, involucrado en la lucha social, recibía de su mismo partido respeto, reconocimiento y visibilidad.

No es una desconexión de los partidos con respecto a la lucha social, sino un problema de comunicación entre la base militante y la dirección política que le da la cara al país.

-Una primera conclusión. El consenso surgido al alrededor de tu nombre es la primera señal de reunificación de la MUD.

-Creo que puede leerse así.

-Luego hay un reconocimiento tácito sobre la necesidad de acercarse a una porción del país que no termina de ubicarse en el lado de la oposición.

“Ahora la cosa es peor porque el pueblo chavista ha visto como esa gente que rodeaba el comandante y le ocultaba la verdad, ahora está ejerciendo el poder en primera persona”. Foto: Gdb.voanews.com

-Esa es la parte más importante. Yo no estoy aquí por mi frondosa cabellera o por mi simpatía desbordante. Estoy porque tengo perfil de luchador social y ante eso hay dos posibilidades. Se puede pensar, por ejemplo, que esto es una operación de fachada: pongamos al frente una cara que sugiera vinculación con el tema y utilicémoslo en una operación de mercadeo.

Pero yo creo que esto responde a la comprensión de que se impone un acercamiento entre dos liderazgos complementarios e incluso, yendo más allá, la perspectiva de que se plasme un pacto entre la clase política que quiere ser alternativa y los pobres y empobrecidos.

-¿Por qué hablas de “pobres y empobrecidos”?

-Nosotros no incurrimos en el nefasto error de contraponer sectores populares y clase media. Primero porque nuestra clase media es una realidad reciente, aparecida durante la democracia.

Esto quiere decir que el nexo entre los sectores populares y la clase media, no solo es teórico, sino consanguíneo. Toda familia de clase media tiene a su papá o a su abuelito viviendo en el barrio. Por tanto, la clase media es pueblo que aprovechó las oportunidades de la democracia para mejorar su condición de vida.

-Pero ahora esa clase media, está “empobrecida”.

-El problema de la pobreza no lo inventó Chávez, pero lo agravó al punto de crear una nueva realidad: las de los “pobres” y los “empobrecidos” Y sí, la clase media está seriamente empobrecida.

Por eso, cuando hablamos de acercarnos a los sectores populares no se trata solo del barrio, sino también de la clase media.

-El hecho es que tú provienes de los sectores populares y tu designación reta el perfil convencional del político de salón. Contigo se quiebra un estereotipo (no se sube cerro sino el cerro baja) y eso constituye el reconocimiento implícito de que los dirigentes deben salir de las grandes mayorías.

-Hay una frase hermosísima del papa Francisco: “El que quiera ser pastor debe oler a oveja”. Yo creo que quien quiera ser dirigente político, en la Venezuela del presente y del futuro, tiene que oler a pueblo y saborear pueblo.

-¿Y ese no es el problema de la dirigencia de la Unidad, que no huele a pueblo?

“A esas alturas la gente ya descree del diálogo y cuando se produce una nueva protesta y el burócrata vuelve con su “diálogo”, la gente no le hace caso y le acusa de formar parte del “grupo que rodea al Comandante y le oculta la verdad”. Foto: mundo-oriental.com.ve

-Ese es un problema de la clase política venezolana y no solamente la dirigencia opositora. En la versión oficialista de la clase política hay problemas terribles. El pretendido origen popular de muchos de sus integrantes choca estruendosamente con su actual nivel de vida de nuevo ricos boliburgueses.

No hay cosa más distinta y distante al pueblo que un enchufado en una camioneta blindada con cinco malandros motorizados de escoltas. Eso repugna e indigna al pueblo.

-Puede que carezcas de esa parafernalia que da el poder, pero tampoco te metes en la candela.

En el ámbito de la oposición veo, desde hace tiempo, la comprensión de que en Venezuela la pobreza no es incidental, sino estructural y mayoritaria. Los pobres no son un nicho del mercado, son el mercado.

El 54% de la población vive en barrios y 16% en urbanizaciones populares, es decir, 7 de cada 10 venezolanos habita espacios económicamente deprimidos y socialmente segregados.

Entonces, si quieres hacer política democrática actúa desde la mayoría y para la mayoría. Si lo haces desde una sede partidista o un hotel 5 estrellas, es inevitable que rebotes en esos espacios donde está la mayoría.

-Considerando tu conexión con los sectores sociales y la debilidad de los partidos, ¿no puede ocurrir que trasciendas la tarea encomendada y asumas el papel de líder político nacional?

“Me solidarizo con la afirmación de Lilian Tintori en una entrevista a Noti Tarde: “La libertad de Leopoldo López será posible gracias a un diálogo con condiciones claras”. Foto: noticierodigital.com

-Eso no es posible. Le doy gracias a la vida porque este momento me ha llegado cuando tengo claro quién soy y se como quiero que me recuerden mis hijos, es decir como servidor social.

Hay una pregunta clave: ¿A quién le es útil lo que haces? Como activista social puedo responder, como dirigente político no sé.

Prefiero entender que, como lo definió Rafael Poleo, mi designación es una decisión atípica para una situación atípica. Y Venezuela no vive una situación, sino una crisis.

El de Maduro no es un mal gobierno sino una catástrofe.

Un país con 80% de restricción en su inventario de medicinas está viviendo una crisis haitiana. Frente a eso no es posible abstenerse por cuidar militancias sociales.

-¿No tienes la desventaja de que se te identifica con posiciones moderadas? ¿Cómo concilias esa posición con las tesis más radicales?

“Hay que tener cuidado porque una propuesta como la Constituyente, podría significar la puerta falsa del oficialismo para huir hacia adelante”. Foto: Milenio.com

-Yo no tengo una desventaja sino un gran defecto: pasé por el Pedagógico de Caracas.

En fin, soy un maestro de escuela, asumo mis tareas como un hecho pedagógico y desde esa perspectiva pretendo que el país logre llenar de significado 4 palabras: moderación, radicalidad, calle y diálogo.

En un escenario envenenado desde hace 15 años por los antivalores de la violencia, donde el militarismo no es más que un machismo de uniforme y el populismo, transformado en política de Estado, alienta posturas supuestamente radicales, se debe tener valor para asumir la moderación. En cambio, para ser “radical” basta con deslizarse por el tobogán de la verborrea incandescente.

Ser moderado exige valentía, convicciones, un compromiso profundo y una visión de futuro con el país. En cambio para ajustarse a la visión machista de la radicalidad basta con tener odio.

-Hay quienes sostienen la idea de ir a Constituyente, mientras otros señalan como prioridad prepararse para las elecciones legislativas del 2015. ¿Por cuál de las dos opciones te decantas?

La polarización no es solo un problema político, sino un morbo, una forma de estructurar la visión que se tiene de la vida y nosotros, por facilismo de la cultura petrolera, la practicamos desde hace mucho tiempo. Así, nos pronunciamos por uno de dos marcas de gaseosas, por una de dos marcas de cigarrillos, por uno de dos partidos políticos.

Con el chavismo eso se transformó en una pandemia, (chavistas y antichavistas), en lamentable proceso de estupidización.

-En este caso la polarización es en la oposición.

“Los diputados Cabello y Farías (Psuv), han llamado la atención sobre la inconveniencia de unas parlamentarias en medio de una crisis económica y una erosión de su base electoral”.

-En ese marco nos preguntamos si las elecciones parlamentarias y la Constituyente son irreconciliables. Y yo creo que no.

El documento del 6 de agosto plantea que la estrategia de la Unidad implica la lucha democrática y la Constituyente lo es. Tiene el problema de que no es consensual, ni en el país ni dentro de la alianza.

Por su parte las legislativas presentan el inconveniente de que no dependen de la inspiración de un líder o de la voluntad de un partido.

Están en un cronograma electoral y no asumirlas sería irresponsable. Entonces tenemos un reto que enfrentar y ganar.

No solo porque se puede lograr cambios sustanciales en los poderes públicos, que faciliten la solución electoral de la crisis, sino porque se trata de que el poder legislativo cumpla su papel de control del Ejecutivo.

Ahora, puede ocurrir cualquier cosa porque dos voceros del chavismo, los diputados Cabello y Farías, han llamado la atención sobre la inconveniencia de unas parlamentarias en medio de una crisis económica y una erosión de su base electoral.

Hay que tener cuidado porque una propuesta como la Constituyente podría significar la puerta falsa del oficialismo para huir hacia adelante.

EL DIÁLOGO DE NUNCA ACABAR

“Yo me solidarizo con la afirmación de Lilian Tintori en una entrevista con el diario Noti Tarde: “La libertad de Leopoldo López será posible gracias a un diálogo con condiciones claras”.

Yo soy un demócrata y tengo en mi ADN la vocación dialogante, pero hay una peculiaridad: Desde mi posición de activista social he visto como el Gobierno ha dinamitado la importancia del diálogo como herramienta de construcción de consensos democráticos.

Cuando hay conflictos en una comunidad, por inseguridad, por déficit de servicios públicos o en demanda de empleo, llega un burócrata y le dice a quienes protestan (muchos de ellos chavistas): “Camaradas, reconocemos lo que está ocurriendo y para lograr una solución nombremos una mesa técnica, de negociación o de diálogo”.

Entonces se reúnen una, dos, tres y hasta siete veces, hasta que la mesa se disuelve por cansancio, el problema queda allí y a los dos meses se vuelve a iniciar el proceso.

A esas alturas la gente ya descree del diálogo y cuando se produce una nueva protesta y el burócrata vuelve con su “diálogo”, la gente no le hace caso y le acusa de formar parte del “grupo que rodea al Comandante y le oculta la verdad”.

Pero ahora la cosa es peor porque el pueblo chavista ha visto como esa gente que rodeaba el comandante y le ocultaba la verdad, ahora está ejerciendo el poder en primera persona.

Por eso la conflictividad en la segunda mitad de este año está protagonizada por puro pueblo chavista: los obreros de Sidor, los cementeros, los de PDVSA, los de los centrales azucareros.

Todos ellos desafían la represión y están siendo detenidos y judicializados porque el gobierno vació de significado la palabra diálogo. Y eso que pasa con las comunidades lo están haciendo con el país. Creo que debe rescatarse el diálogo utilizándolo como instrumento para la resolución verificable de problemas”.

“La noticia aquí, es que la Mesa de la Unidad Democrática se va para la calle”. Foto: Dw.de